La aventura de la casa vacía (Arthur Conan Doyle) Libros Clásicos

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Holmes se acercó a la ventana, la cerró y bajó las persianas. Lestrade había sacado dos velas y los policías habían destapado sus linternas. Entonces pude, por fin, echarle un buen vistazo a nuestro prisionero.
El rostro que nos encaraba era tremendamente viril, pero de expresión siniestra, con la frente de un filósofo por arriba y la mandíbula de un depravado por abajo. Debía de tratarse de un hombre con grandes dotes tanto para el bien como para el mal, pero resultaba imposible mirar sus ojos azules y crueles, con los párpados caídos y la mirada cínica, o la agresiva nariz en punta y la amenazadora frente surcada de arrugas, sin leer en ellos las claras señales de peligro colocadas por la Naturaleza. No hacía caso de ninguno de nosotros y mantenía los ojos clavados en el rostro de Holmes, con una expresión que combinaba a partes iguales el odio y el asombro. Y no dejaba de murmurar entre dientes:
-¡Maldito demonio! ¡Maldito demonio astuto!
-¡Ah coronel! -dijo Holmes, arreglándose el arrugado cuello de la camisa-. Nunca es tarde si la dicha es buena, como dice el refrán. Creo que no he tenido el gusto de verle desde que me hizo objeto de sus atenciones cuando yo estaba en aquella cornisa sobre la catarata de Reichenbach.
El coronel seguía mirando a mi amigo como si estuviera en trance.
-Todavía no les he presentado -dijo Holmes-. Este caballero es el coronel Sebastian Moran, que perteneció al ejército de Su Majestad en la India y que ha sido el mejor cazador de caza mayor que ha producido nuestro Imperio Occidental. ¿Me equivoco, coronel, al decir que nadie le ha superado aún en número de tigres cazados?
El feroz anciano no dijo nada y siguió fulminando con la mirada a mi compañero; con sus ojos de salvaje y su hirsuto bigote, él mismo se parecía prodigiosamente a un tigre.
-Parece mentira que mi sencillísima estratagema haya engañado a un shikari5 con tanta experiencia -dijo Holmes-. Debería resultarle muy conocida. ¿Nunca ha atado usted un cabrito debajo de un árbol, para apostarse entre las ramas con su rifle y aguardar a que el cebo atrajera al tigre? Pues esta casa vacía es mi árbol y usted es mi tigre. Es posible que llevara usted rifles de reserva, por si se presentaban varios tigres o por si se daba la improbable circunstancia de que le fallara la puntería.

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