La aventura de la casa vacía (Arthur Conan Doyle) Libros Clásicos

Página 17 de 22

Pues bien -dijo señalando a su alrededor-, éstos son mis rifles de reserva. El paralelismo es exacto.
El coronel Moran dio un paso adelante, rugiendo de rabia, pero los policías le hicieron retroceder. La furia que despedía su rostro era algo terrible de contemplar.
-Confieso que me tenía usted reservada una pequeña sorpresa -continuó Holmes­. No se me ocurrió que también usted utilizaría esta casa vacía y esta ventana tan conveniente. Había supuesto que actuaría usted desde la calle, donde mi amigo Lestrade y sus alegres camaradas le estaban aguardando. Exceptuando este detalle, todo ha salido como yo esperaba.
El coronel Moran se volvió hacia el inspector.
-Puede que tengan ustedes una causa justificada para detenerme v puede que no ­dijo-. Pero, desde luego, no existe razón alguna por la que tenga que aguantar las burlas de este individuo. Si estoy en manos de la ley, que las cosas se hagan de manera legal.
-Bien, eso es bastante razonable -dijo Lestrade-. ¿No tiene nada más que decir antes de que nos vayamos, señor Holmes? Holmes había recogido del suelo el potente fusil de aire comprimido v estaba examinando su mecanismo.
-Un arma admirable y originalísima -dijo-. Silenciosa y de tremenda potencia.
Llegué a conocer a Von Herder, el mecánico alemán ciego que la construyó por encargo del difunto profesor Moriarty. Durante años he sabido de su existencia, pero hasta ahora no había tenido la oportunidad de examinarla. Se la encomiendo de manera muy especial, Lestrade, junto con sus correspondientes balas.
-Puede usted confiarla a nuestro cuidado, señor Holmes -dijo Lestrade mientras todo el grupo se dirigía hacia la puerta-. ¿Algo más?
-Sólo preguntar de qué piensa usted acusar al detenido.
-¿De qué, señor? Pues, naturalmente, de intentar asesinar al señor Sherlock Holmes.
-De eso, nada, Lestrade. No tengo ninguna intención de aparecer en el asunto. A usted, y sólo a usted, le corresponde el mérito de la importantísima detención que acaba de practicar. Sí, Lestrade, le felicito. Con su habitual combinación de astucia v audacia, ha conseguido usted atraparlo.
-¡Atraparlo! ¿Atrapar a quién, señor Holmes?
-Al hombre que toda la policía ha estado buscando en vano: al coronel Sebastian Moran, que asesinó al honorable Ronald Adair con una bala explosiva, disparada con un fusil de aire comprimido a través de la ventana del segundo piso de Park Lane, número 427, el día 30 del mes pasado.

Página 17 de 22
 

Paginas:


Compartir:




Diccionario: