La aventura de la casa vacía (Arthur Conan Doyle) Libros Clásicos

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No cabía duda alguna. Sólo con las balas bastaría para echarle la soga al cuello . Así que vine inmedia­tamente. El hombre que vigilaba mi casa me vio, y yo estaba seguro de que informaría a su jefe de mi presencia. Como es natural, el coronel relacionaría mi súbito regreso con su crimen y se alarmaría terriblemente. No me cabía duda de que intentaría quitarme de en medio cuanto antes, para lo cual traería su arma asesina. Le dejé un blanco perfecto en la ventana v, después de avisar a la policía de que sus servicios podrían ser necesarios -por cierto, Watson, usted los localizó a la perfección en aquel portal-, me instalé en lo que me pareció un excelente puesto de observación, sin imaginar que él elegiría el mismo lugar para atacar. Y ahora, querido Watson, ¿queda algo por aclarar?
-Sí -dije-. No ha explicado todavía qué motivos tenía el coronel Moran para asesinar al honorable Ronald Adair. -¡Ah, querido Watson, aquí entramos en el terreno de las conjeturas, donde la mente más lógica puede fracasar! Cada uno puede elaborar su propia hipótesis, basándose en las pruebas existentes, y la suya tiene tantas posibilidades de acertar como la mía.
-Pero usted tiene ya la suya, ¿no?
-Creo que no resulta difícil explicar los hechos. Quedó demostrado que el coronel Moran v el joven Adair habían ganado una suma considerable jugando de compañeros. Ahora bien, es indudable que Moran hizo trampas; sé desde hace mucho tiempo que las hacía. Supongo que el día del crimen Adair se dio cuenta de que Moran era un tramposo. Lo más probable es que hablara con él en privado, amenazándole con revelar la verdad a menos que Moran se diese de baja en el club v prometiera no volver a jugar a las cartas. Es muy poco probable que un joven como Adair provocase un escándalo de buenas a primeras denunciando a un hombre muy conocido v mucho mayor que él. Lo lógico es que actuara tal como yo digo. Para Moran, quedar excluido de los clubs significaba la ruina, ya que vivía de lo que ganaba trampeando a las cartas. Así que asesinó a Adair, que en aquel mismo momento estaba calculando el dinero que tenía que devolver, ya que consideraba inaceptable quedarse con el fruto de las trampas de su compañero. Cerró la puerta para que las damas no le sorprendieran e insistieran en que les explicara lo que estaba haciendo con la lista y el dinero.

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