La aventura de las gafas de oro (Arthur Conan Doyle) Libros Clásicos

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Entre la maraña de pelo blanco brillaba
un cigarrillo, y el aire de la habitación apestaba a humo rancio de tabaco. Cuando le tendió la mano a Holmes, advertí que también la tenía manchada de amarillo por la nicotina.
-¿Fuma usted, señor Holmes? -dijo, hablando un inglés esmerado y con un cierto tonillo de afectación-. Coja un cigarrillo, por favor. ¿Y usted, caballero? Puedo recomendárselos, porque los prepara especialmente para mí Ionides de Alejandría. Me envía mil cada vez, y deploro tener que confesar que encargo un nuevo suministro cada quince días. Mala cosa, señores, mala cosa; pero un anciano tiene pocos placeres a su alcance. El tabaco y mi trabajo..., eso es todo lo que me queda.
Holmes había encendido un cigarrillo y lanzaba rápidas miradas por toda la habitación.
-El tabaco y el trabajo, pero ahora sólo el tabaco -exclamó el anciano-. ¡Ay, qué interrupción más fatal! ¿Quién habría podido imaginar una catástrofe tan terrible? ¡Un joven tan agradable! Le aseguro que después de los primeros meses de adaptación resultaba un ayudante admirable. ¿Qué opina usted del asunto, señor Holmes?
-Todavía no he llegado a ninguna conclusión.
-Le estaría de verdad reconocido si consiguiera usted arrojar algo de luz sobre esto que nosotros vemos tan oscuro. A las ratas de biblioteca, y más si son inválidas como yo, un golpe así nos deja paralizados. Pero usted es un hombre de acción..., un aventurero. Cosas así forman parte de la rutina cotidiana de su vida. Usted puede mantener la serenidad en cualquier emergencia. Es una verdadera suerte tenerle de nuestro lado.
Mientras el viejo profesor hablaba, Holmes iba y venía de un lado a otro de la habitación. Observé que estaba fumando con extraordinaria rapidez. Evidentemente, compartía el gusto de nuestro anfitrión por los cigarrillos de Alejandría recién hechos.
-Sí, señor, un golpe aplastante -continuó el anciano-. Esta es mi magnum opus..., ese montón de papeles que hay sobre la mesita de allá. Es un análisis de los documentos encontrados en los monasterios coptos de Siria y Egipto, un trabajo que profundiza en los fundamentos mismos de la religión revelada. Con esta salud tan débil, ya no sé si seré capaz de terminarlo, ahora que me han arrebatado a mi ayudante. ¡Válgame Dios, señor Holmes! ¡Fuma usted aún más que yo!
Holmes sonrió.
-Soy un entendido -dijo, tomando otro cigarrillo de la caja (el cuarto) y encendiéndolo con la colilla del que acababa de terminar-.

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