La aventura de los monigotes (Arthur Conan Doyle) Libros Clásicos

Página 15 de 24

Me gustaría hablar de nuevo con la señora King, la cocinera... Dijo usted, señora King, que las despertó un fuerte estampido. Al decir eso, ¿quería usted decir que le pareció más fuerte que el segundo?
-Bueno, señor, yo estaba dormida y me despertó, así que resulta difícil juzgar... Pero me pareció muy fuerte.
-¿Podría haberse tratado de dos tiros, disparados casi al mismo tiempo?
-No sabría decirle, señor.
-Yo creo que eso fue, sin duda, lo que sucedió. Me parece, inspector Martín, que hemos agotado ya las posibilidades de esta habitación. Si tiene la amabilidad de acompañarme, veremos qué nueva información nos ofrece el jardín.
Había un macizo de flores que llegaba hasta la ventana del estudio, y al acercarnos, todos dejamos escapar una exclamación. Las flores estaban pisoteadas, y la tierra blanda estaba cu­bierta de marcas de pisadas. Pisadas grandes, masculinas, con punteras particularmente largas y puntiagudas. Holmes husmeó entre la hierba y las hojas como un perro de caza que busca un ave herida. De pronto, con un grito de satisfacción, se agachó y recogió del suelo un pequeño cilindro de latón.
-Lo que pensaba -dijo-. La pistola tenía un expulsor, y aquí está el tercer casquillo. Creo, inspector Martín, que nuestro caso está casi terminado.
El rostro del inspector del condado había ido reflejando su intenso asombro ante el rápido y magistral avance de las investigaciones de Holmes. Al principio, había mostrado cierta ten­dencia a afirmar su propia posición, pero ahora se encontraba abrumado de admiración y dispuesto a seguir a Holmes donde fuera sin hacer preguntas.
-¿De quién sospecha usted?
-Ya llegaremos a eso. Hay varios aspectos del problema que aún no he tenido ocasión de explicarle. Pero ahora que hemos llegado hasta aquí, creo que lo mejor será que conduzca el asunto a mi manera, y luego se lo aclararé todo de una vez por todas.
-Como usted desee, señor Holmes, siempre que atrapemos a nuestro hombre.
-No es mi intención hacerme el misterioso, pero cuando llega el momento de actuar resulta imposible entretenerse en largas y complicadas explicaciones. Tengo en la mano todos los hilos del asunto. Aunque la señora no llegara a recuperar la conciencia, todavía podríamos reconstruir lo que sucedió anoche y encargarnos de que se haga justicia. En primer lugar, necesito saber si por estos alrededores hay alguna posada que se llame «Elrige´s».

Página 15 de 24
 

Paginas:


Compartir:




Diccionario: