La aventura de los monigotes (Arthur Conan Doyle) Libros Clásicos

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La escribí, pero no me contestó. Entonces me vine para acá y, como las cartas no servían de nada, empecé a dejar mensajes donde ella pudiera leerlos.
»Llevo aquí va un mes. Me alojaba en esa granja, donde disponía de una habitación en la planta baja y podía entrar v salir por las noches sin que nadie se enterara. Intenté con vencer a Elsie por todos los medios. Yo sabía que ella leía los mensajes, porque una vez me escribió una respuesta debajo de uno de ellos. Por fin, perdí la paciencia v empecé a amenazarla. Ella entonces me envió una carta implorándome que me marchara y asegurando que le rompería el corazón ver a su esposo envuelto en un escándalo. Decía que bajaría a las tres de la mañana, cuando su esposo estuviera dormido, para hablar conmigo a través de la ventana si luego yo me marchaba y la dejaba en paz. Bajó y trajo dinero, intentando sobornarme para que me marchara. Aquello me sacó de quicio; la agarré del brazo v traté de sacarla por la ventana, pero en aquel momento llegó corriendo el marido con el revólver en la mano. Elsie cayó al suelo v nosotros quedamos frente a frente. Yo también iba armado, y saqué mi revólver para asustarlo y que medejara ir. Él disparó y falló. Y disparé casi al mismo tiempo y lo tumbé. Me escabullí por el jardín, y mientras me retiraba oí que la ventana se cerraba a mis espaldas. Esa es la pura verdad, caballeros, hasta la última palabra, y no supe nada más hasta que llegó ese chico a caballo con una nota que me hizo venir aquí como un primo, para caer en sus manos.
-Mientras el americano hablaba, un coche había llegado hasta la puerta. En su interior venían dos policías de uniforme. El inspector Martin se puso en pie y tocó el hombro del detenido.
-Es hora de irse.
-¿Puedo verla antes?
-No, está inconsciente. Señor Holmes, mi único deseo es que si alguna otra vez me cae un caso importante, tenga la suerte (le tenerlo a usted a mano.
Nos quedamos de pie junto a la ventana, mirando cómo se alejaba el coche. Al volverme, mi mirada cayó sobre la bola de papel que el detenido había tirado sobre la mesa. Era la nota que Holmes había usado como reclamo.

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