La aventura del fabricante de colores retirados (Arthur Conan Doyle) Libros Clásicos

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El inspector examinó con gran interés la tubería y dijo:
-Uno de nuestros funcionarios habló de olor a gas; pero la puerta y la ventana estaban entonces abiertas y ya habían procedido a pintar por lo menos una parte. Según Amberley nos dijo, había empezado esa tarea el día anterior. ¿Y qué más, míster Holmes?
-Pues entonces ocurrió un incidente bastante inesperado para mi. Empezaba a clarear el día y yo estaba colándome por la ventana de la despensa cuando sentí que una mano me agarraba por el cuello de la ropa, y oi una voz que me dijo: «¡Eh, granuja, ¿que haces a.C. dentro?» Cuando pude doblar la cabeza, me encontré frente a los cristales ahumados de mi amigo y rival, el señor Barker. Lo curioso de aquel encuentro inesperado nos hizo sonreir a los dos. Por lo visto, la familia del doctor Ray Ernest le había encargado a el que llevase a cabo algunas investigaciones, y también había llegado a la conclusión de que allí se habla jugado sucio. Llevaba vigilando la casa varios días, y se había fijado en el doctor Watson como en uno de los personajes evidentemente sospechosos que habían ido de visita. No podía en modo alguno proceder a la detención de Watson, pero cuando vio a un individuo escabullirse fuera por la ventana de la despensa, no pudo ya contenerse. Le expliqué cómo estaban las cosas y proseguimos juntos las investigaciones.
-¿Por qué con él sí y con nosotros no?
-Porque pensaba ya someter a Amberley a esa pequeña prueba que tan admirablemente ha resultado. Temí que quizás ustedes no quisiesen llevar las cosas tan adelante.
El inspector se sonrió.
-En efecto, quizá no hubiésemos querido. De modo, míster Holmes, que tengo su palabra de que usted se hace desde este momento a un lado y nos entrega el resultado de sus investigaciones.
-Así lo he hecho siempre.
-Bien. Se lo agradezco en nombre del cuerpo. Tal como usted lo ha explicado, el caso se presenta claro, y no creo que haya una gran dificultad dar con los cadáveres.
-Y ahora le voy a mostrar una pequeña prueba algo macabra -dijo Holmes-. Estoy seguro de que ni el mismo Amberley se fijó nunca en ella. Si quiere usted conseguir buenos resultados, inspector, colóquese siempre en el lugar de los demás y piense lo que usted haría en su casa.

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