La aventura del fabricante de colores retirados (Arthur Conan Doyle) Libros Clásicos

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Exige imaginación, pero compensa siempre. Pues bien: supongamos que usted se viese encerrado en esta pequeña habitación, que sólo le quedasen dos minutos de vida y quisiese quedar a mano con el criminal, que probablemente estaba en ese instante mofándose de usted desde el otro lado de la puerta. ¿Qué haría usted?
-Escribiría un mensaje.
-Exactamente. Querría usted informar a los demás de cómo moría usted. De nada le serviría escribir en un papel, porque él lo descubriría... Pero si escribiese usted en la pared, quizá lo viese alguien. Y ahora, ¡vean ustedes aquí! Encima mismo del zócalo hay algo escrito con lápiz de tinta encarnada: "Nos as…" Y nada más.
-¿Y que saca usted en consecuencia?
-El escrito está a treinta centímetros de altura del suelo. Cuando lo escribió, el pobre hombre estaba caído en el suelo y moribundo. Perdió el sentido antes de que pudiera terminar la frase.
-Sí; él quería escribir: "Nos asesina."
-Así lo veo yo, y si ustedes encuentran encima del cadáver un lápiz de tint…
-Puede usted estar seguro de que lo buscaremos. Pero, ¿y los valores? Es evidente que no hubo tal robo. Y él, eso sí, poseía esos valores. Lo hemos comprobado.
-Tenga la seguridad de que los tiene ocultos en lugar seguro. Cuando toda la historia de la fuga hubiese pasado al olvido, el los habría descubierto de pronto, bien anunciando que la pareja culpable se había arrepentido y le había devuelto el botín o que lo había perdido.
-Veo que usted ha encontrado respuesta a todas las dificultades -dijo el inspector-. Desde luego, a nosotros tenía que venir para damos parte, pero no me explico el que se haya dirigido también a usted.
-Un puro refinamiento -contestó Holmes-. Tenía conciencia de su habilidad, y estaba tan seguro de sí mismo que se creía a salvo de todos. De esa manera podía decir, si llegaba el caso, a cualquier vecino receloso: «Fíjese en todos los pasos que he dado. No sólo he consultado a la Policía, sino que lo he hecho también al mismo Sherlock Holmes.»
El inspector se echó a reír, y dijo:

-Mister Holmes, no tenemos más remedio que perdonarle eso de «lo he hecho también al mismo», porque su trabajo en esta ocasión ha sido tan perfecto como el mejor de los que yo recuerdo.

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