La aventura del Puente de Thor (Arthur Conan Doyle) Libros Clásicos

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Tales son los principales hechos. Pero, si no estoy equivocado, aquí está nuestro cliente, mucho antes de la hora.
Billy había abierto la puerta, pero el nombre que anunció era inesperado. El señor Marlon Bates nos era desconocido a los dos. Era un hombre pequeño, delgado y nerviosos, de ojos asustados, y unas maneras convulsivas y vacilantes; un hombre de quien cualquier mirada profesional juzgaría que estaba al borde del hundimiento nervioso.
–Parece agitado, señor Bates –dijo Holmes–. Por favor, siéntese. Me temo que sólo puedo concederle un rato, pues tengo una cita a las once.
–Ya sé que la tiene –jadeó nuestro visitante, disparando frases breves como un hombre sin aliento–. Viene el señor Gibson. El señor Gibson es mi jefe. Soy administrador de su finca. Señor Holmes, es un canalla…, un canalla infernal.
–Un lenguaje fuerte, señor Bates.
–Tengo que ser enfático, señor Holmes, porque el tiempo es limitado. No querría que me encontrara aquí por nada del mundo. Ahora está a punto de llegar. Pero yo estaba en un lugar desde no pude venir antes. Su secretario, el señor Ferguson, no me dijo hasta esta mañana que él tenía cita con usted.
–¿Y usted es su administrador?
–Ya le he avisado que me despido. Dentro de un par de semanas me habré librado de esa maldita esclavitud. Un hombre duro, señor Holmes, duro con todo lo que le rodea. Esas beneficencias públicas son una pantalla para cubrir sus iniquidades privadas. Fue brutal con ella. Ella venía de los trópicos, era brasileña de nacimiento, como sin duda usted sabe.
–No, se me había escapado.
–Tropical por nacimiento y tropical por naturaleza. Hija del sol y de la pasión. Le había querido a él como pueden querer las mujeres así, pero cuando se marchitaron sus encantos físicos –que he oído decir que en otro tiempo fueron grandes–, no hubo nada que le sujetara. Todos la queríamos y estábamos por ella, y le odiábamos a él por el modo como la trataba. Pero él es taimado y astuto. Eso es todo lo que tengo que decirle. No lo tome por lo que parece a simple vista. Hay algo más detrás de eso. Ahora me tengo que ir. ¡No, no me retenga! El casi estará al llegar.
Con una asustada mirada al reloj, nuestro extraño visitante salió literalmente corriendo por la puerta y desapareció.

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