La aventura del Puente de Thor (Arthur Conan Doyle) Libros Clásicos

Página 6 de 24


–¡Bueno! ¡Bueno! –dijo Holmes, tras un intervalo de silencio.
–El señor Gibson parece tener una casa muy leal. Pero el aviso es sutil, y ahora sólo podemos esperar a que aparezca el hombre en persona.
A la hora en punto oímos unos pesados pasos por las escaleras y se hizo entrar al cuarto el famoso millonario. Al mirarlo, comprendí no sólo los temores y el odio de su administrador, sino también los ataques que tantos rivales en los negocios habían acumulado sobre su cabeza. Si yo fuera escultor y quisiera dar con el modelo de hombre de negocios con éxito, nervios de hierro y conciencia de cuero, elegiría al señor Neil Gibson como modelo. Su figura alta, flaca y áspera sugería la rapacidad y el hambre. Un Abraham Lincoln trasladado a bajos usos daría cierta idea de ese hombre. Su cara podía estar cincelada en granito, dura, angulosa, inexorable, con profundas líneas, cicatrices de muchas penalidades. Unos fríos ojos grises, mirando con astucia bajo unas cejas erizadas, nos inspeccionaron sucesivamente. Se inclinó de modo rutinario cuando Holmes dijo mi nombre, y luego, con dominante aire de posesión, tendió una silla a mi compañero y se sentó con sus huesudas rodillas casi tocándose.
–Permítame empezar diciendo, señor Holmes –comenzó–, que el dinero en este caso no me importa nada. Lo puedo quemar si le sirve de algo para alumbrar la verdad. Esa mujer es inocente y esa mujer debe quedar absuelta, y a usted le toca conseguirlo. ¡Diga su cifra!
–Mis honorarios siguen una escala fija –dijo fríamente Holmes–. No lo varío, salvo cuando los perdono por completo.
–Bueno, si los dólares no significan nada para usted, piense en la reputación. Si arregla esto, todos los periódicos de Inglaterra y de América le trompetearán. Será el tema de conversación de todos los continentes.
–Gracias, señor Gibson. Creo que no necesito trompeteos. Quizá le sorprenda saber que prefiero trabajar de modo anónimo, y que es el problema mismo lo que me atrae. Pero estamos desperdiciando el tiempo. Vamos a los hechos.
–Creo que usted encontrará los más importantes en los informes de prensa. No sé que pueda añadir nada para ayudarle. Pero si hay algo sobre lo que usted desee más luz…, bueno, aquí estoy para proporcionarla.
–Bueno, sólo hay un punto.
–¿Cuál?
–¿Cuáles eran las relaciones exactas entre usted y la señorita Dunbar?

Página 6 de 24
 

Paginas:


Compartir:




Diccionario: