La aventura del Puente de Thor (Arthur Conan Doyle) Libros Clásicos

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Al acercarnos al escenario del crimen, vi que mi amigo, por debajo de su habitual frialdad, estaba en realidad profundamente agitado.
–Si –dijo, en respuesta a mi observación–, ya me ha visto alguna vez fallar el blanco, Watson. Tengo instinto para estas cosas y sin embargo a veces me ha engalado. Parecía una certidumbre cuando me relampagueó por la mente en la celda de Winchester, pero uno de los inconvenientes de una mente activa es que siempre se pueden imaginar explicaciones alternativas que harían que nuestra pista fuera falsa. Y sin embargo…, sin embargo… Bueno, Watson, no podemos más que probar.
Mientras caminaba había atado firmemente un cabo de la cuerda al mando del revólver. Ahora habíamos llegado al escenario de la tragedia. Con mucho cuidado, bajo la guía del policía, situó el lugar exacto donde había estado tendido el cadáver. Luego buscó entre los brezos y helechos hasta encontrar una piedra voluminosa. La ató al otro extremo de la cuerda, y la colgó sobre el parapeto del puente de modo que pendía suelta sobre el agua. Luego se situó en el lugar fatal, a cierta distancia del borde del puente, con mi revólver en la mano, teniendo la cuerda tensa entre el arma y la pesada piedra al otro extremo.
–¡Vamos allá! –exclamó.
Diciendo estas palabras levantó la pistola hasta la cabeza y luego la soltó. En un momento la arrebató el peso de la piedra, golpeando con un fuerte chasquido el parapeto, y se desvaneció por encima de la balaustrada cayendo al agua. Apenas había desaparecido cuando Holmes se arrodilló junto a la piedra, y un jubiloso grito mostró que había encontrado lo que esperaba.
–¿Ha habido nunca una demostración más exacta? –exclamó–. ¡Vea, Watson, su revólver ha resuelto el problema! –señaló una segunda mella del mismo tamaño y forma de la piedra, que había aparecido bajo el reborde de la balaustrada de piedra–. Nos quedaremos esta noche en la posada –continuó, levantándose y encarándose con el asombrado sargento–. Por supuesto, usted buscará un gancho de recoger y recobrará fácilmente el revólver de mi amigo. También encontrará a su lado el revólver, la cuerda y la piedra con que esa vengativa mujer intentó disfrazar su propio crimen y cargarle una acusación de asesinato a una víctima inocente. Puede hacerle saber al señor Gibson que le veré por la mañana, cuando se puedan dar precisos pasos para vindicar a la señorita Dunbar.

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