La aventura del tres cuartos desaparecido (Arthur Conan Doyle) Libros Clásicos

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-No tenemos más que averiguar a quién iba dirigido ese telegrama -sugerí yo.
-Exacto, mi querido Watson. Su idea, con ser tan profunda, ya se me había pasado por la cabeza. Pero tal vez no se haya parado usted a pensar que, si se presenta en una oficina de Te­légrafos y pide que le enseñen el resguardo de un telegrama enviado por otra persona, puede que los funcionarios no se muestren demasiado dispuestos a complacerle. ¡Hay tanto tiquismi­quis en este tipo de cosas! Sin embargo, no me cabe duda alguna de que con un poco de delicadeza y mano izquierda se podría conseguir. Mientras tanto, señor Overton, me gustaría inspeccionar en su presencia esos papeles que hay encima de la mesa.
Había una cierta cantidad de cartas, facturas y cuadernos de notas, que Holmes examinó uno por uno, con dedos ágiles y nerviosos y ojos rápidos y penetrantes.
-Nada por aquí -dijo por fin-. A propósito, supongo que su amigo era un joven saludable. ¿No sabe si tenía algún problema?
-Estaba hecho un toro.
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-¿Le ha visto alguna vez enfermo?
-Ni un solo día. Una vez tuvo que guardar reposo a causa de una patada, y otra vez se dislocó la rótula, pero eso no es nada. -Puede que no estuviera tan fuerte como usted supone. Me
siento inclinado a pensar que tenía algún problema secreto. Con su permiso, me voy a guardar uno o dos de estos papeles, por si resultan de utilidad en nuestras futuras pesquisas.
-¡Un momento, un momento! -exclamó una voz quejumbrosa.
Al volvernos a mirar, vimos a un anciano estrafalario que temblequeaba y se estremecía en el umbral de la puerta. Vestía de riguroso negro, con ropas raídas, sombrero de copa de ala muy ancha y una chalina blanca y floja.
El efecto general era el de un párroco de pueblo o un ayudante de funeraria. Sin embargo, a pesar de su aspecto desastrado e incluso absurdo, su voz chirriaba de modo tan agudo y sus modales tenían tal intensidad que resultaba obligado prestarle atención.
-¿Quién es usted, señor, y con qué derecho anda husmeando en los papeles de este caballero? -preguntó.
-Soy detective privado y estoy intentando aclarar su desaparición.
-Ah, ¿conque eso es usted? ¿Y quién le ha autorizado, eh?
-Este caballero, amigo del señor Staunton, vino a verme por recomendación de Scotland Yard.

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