La aventura del tres cuartos desaparecido (Arthur Conan Doyle) Libros Clásicos

Página 16 de 21

Tal vez pueda conseguir nuestro objetivo realizando algunas investigaciones independientes por mi cuenta. Me temo que tendré que abandonarle a usted a su suerte, ya que la presencia de dos forasteros preguntones en una apacible zona rural podría provocar más comentarios de lo que sería conveniente. Estoy seguro de que podrá entretenerse contemplando los monumentos de esta venerable ciudad, y espero poder presentarle un informe más favorable antes de esta noche.
Sin embargo, mi amigo iba a sufrir una nueva decepción. Regresó ya de noche, cansado y sin resultados.
-He tenido un día nefasto, Watson. Después de fijarme en r la dirección que tomaba el doctor, me he pasado el día visitando todos los pueblos que hay por ese lado de Cambridge y cambiando comentarios con taberneros y otras agencias locales de noticias. He cubierto bastante terreno: Chesterton, Histon, Waterbeach y Oakington han quedado investigados, y todos ellos con resultados negativos. Sería imposible que en esas balsas de aceite pasara inadvertida la presencia diaria de un coche de lujo con dos caballos. Otra baza para el doctor. ¿Hay algún telegrama para mí?
-Sí; lo he abierto y dice: «Pregunte por Pompey a Jeremy Dixon, Trinity College.» No lo he entendido.
-Oh, está muy claro. Es de nuestro amigo Overton y responde a una pregunta mía. Le enviaré una nota al señor Jeremy Dixon y estoy seguro de que ahora cambiará nuestra suerte. Por cierto, ¿hay alguna noticia del partido?
-Sí, el periódico local de la tarde trae una crónica excelente en su última edición. Oxford ganó por un gol y dos ensayos. Escuche el final del artículo: «La derrota de los Celestes se puede atribuir por completo a la lamentable ausencia de su figura internacional Godfrey Staunton, que se notó en todos los momentos del partido. La falta de coordinación en la línea de tres cuartos y las debilidades en el ataque y la defensa neutralizaron con creces los esfuerzos de un equipo duro y esforzado.»
-Ya veo que los temores de nuestro amigo Overton estaban justificados -dijo Holmes-. Personalmente, estoy de acuerdo con el doctor Armstrong: el rugby no entra en mis horizontes. Hay que acostarse pronto, Watson, porque preveo que mañana será un día muy agitado.
A la mañana siguiente, lo primero que vi de Holmes me dejó horrorizado: estaba sentado junto a la chimenea con su jeringuilla hipodérmica en la mano.

Página 16 de 21
 

Paginas:


Compartir:




Diccionario: