La caja de cartón (Arthur Conan Doyle) Libros Clásicos

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Empecé a hablarle de su familia y, como usted recordará, en seguida nos proporcionó algunos detalles sumamente valiosos.
En primer lugar, su hermana se llamaba Sarah y hasta hace muy poco tiempo su dirección era la misma, de modo que era bastante evidente que se había producido un error y podía figurarse uno a quién iba dirigido en realidad el paquete.
Luego tuvimos noticias de ese camarero, casado con la tercera hermana, y nos enteramos de que en un tiempo tuvo tal intimidad con la señorita Sarah, que esta se trasladó a Liverpool para estar cerca de los Browner, aunque una posterior pelea los había separado. Esta pelea había interrumpido cualquier clase de comunicación entre ellos durante varios meses, de modo que si Browner hubiese querido enviar un paquete a la señorita Sarah, indudablemente lo habría hecho a su antigua dirección, El asunto comenzaba ahora a resolverse a las mil maravillas. Nos habíamos enterado de la existencia de ese camarero, un hombre impulsivo, y apasionado - recuerde que dejó un empleo, aparentemente mucho mejor para estar cerca de su esposa-, propenso también a ocasionales excesos, con la bebida. Teníamos motivos para creer que su esposa había sido asesinada, y que un hombre - presumiblemente marinero- había sido asesinado al mismo tiempo. En seguida pensamos en los celos como móvil del crimen. Pero ¿por qué enviaron a la señorita Sarah Cushing esas pruebas del delito? Probablemente porque durante su estancia en Liverpool ella había tenido algo que ver con que se produjeran los sucesos que desembocaron en tragedia. No sé si habrá notado que esa línea marítima hace escala en Belfast, Dublín y Waterford; de modo que, suponiendo que Browner hubiera cometido el delito, y que se hubiese embarcado inmediatamente en su vapor, el May Day, Belfast sería el primer lugar desde el que podría enviar por correo el terrible paquete.
A estas alturas era también posible una segunda solución, y aunque a mí me parecía sumamente improbable, decidí aclararla antes de seguir adelante. Un amante rechazado podía haber matado al señor y la señora Browner, y la oreja de varón podría haber pertenecido al marido. Podían ponerse serios reparos a esta teoría, pero era concebible. Por tanto envié un telegrama a mi amigo Algar, de la policía de Liverpool, y le pedí que averiguase si la señora Browner estaba en casa, y si el marido había partido en el May Day.

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