El caso de los siete relojes (Arthur Conan Doyle) Libros Clásicos

Página 11 de 21


*
El reloj de la torre del Parlamento de Londres.
-¡Vaya, viejo Watson! -dijo-. ¡Usted siempre tan afanoso en el rescate de la bella doncella cautiva! ¡Pero, a fe que esta vez se ha armado usted un lío!
-¿Entonces debo confiar -respondí con dignidad- que la misión que lo llevó a usted al Continente, ha sido un éxito?
-¡Sólo fue un tanteo Watson! Le ruego disculpe mi explosión de nervios. No, mi misión no fue un éxito. Me pareció tener una cita en determinada ciudad europea, cuyo nombre inferirá usted en breve. Fui pues allá, y he vuelto en un tiempo récord, según creo.
-¿Y...?
-Él... Mr. Hendon es un hombre que vive aterrorizado. Watson aunque no carece de juicio. Apenas hubo abandonado Suiza, debió adivinar ya que la falsa carta era un lazo que le habían tendido. Pero perdí la pista. ¿Dónde está ahora? Y le agradeceré a usted que me explique porqué le dio el apelativo de bribón.
-Quizá me excedí en el calor del momento. Aunque debo confesarle que no puedo soportar a ese individuo.
-¿Por qué?
-Pues... Desde luego que a una persona que disfruta de una indudable posición elevada, le son permisibles ciertos aparatosos modales... Pero Mr. Hendon se pasa de la medida. Hace escenas en público, emplea la costumbre de dirigirse a una dama inglesa con el vocablo «madame», en vez del recatado «madam». ¡Holmes, está fuera e toda duda que no se trata de un inglés!
Mi amigo me dirigió una mirada extraña como desconcertada, e iba a replicarme cuando llegó hasta nosotros el ruido inconfundible del rodar de un carruaje y de los cascos de un caballo, que se detenían ante la puerta de nuestra casa. Y en menos de un minuto, Celia Forsythe se hallaba en nuestra sala, seguida por un hombre de baja estatura y de expresión tozuda y hosca, tocado con un sombrero hongo. Por sus largas y pobladas patillas, deduje que era Trepley, el criado de Mr. Charles Hendon.
El rostro de Miss Forsythe estaba arrebolado por el frío. Llevaba un chaquetón de piel, tenía sus manos enfundadas en un manguito.
-¡Mr. Holmes! -prorrumpió, sin preámbulos-. ¡Charles está en Inglaterra!
-Ya me lo suponía. ¿Y en qué lugar se encuentra?
-En Groxton Low Hall. Le hubiera debido enviado a usted un telegrama ayer, pero Lady Mayo me lo prohibió.

Página 11 de 21
 

Paginas:


Compartir:




Diccionario: