El caso de los siete relojes (Arthur Conan Doyle) Libros Clásicos

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-¡Qué imbécil soy! -exclamó Holmes dando un puñetazo sobre el escritorio-. Creo que habló usted algo de lo aislado que está este lugar.
Watson ¿quiere hacer el favor de alcanzarme ese plano de Surrey?...Gracias. -Su voz se tornó más áspera- ¿Qué es esto...qué es esto?
-Querido colega -lo reconvine-. ¿Es que puede usted leer la maldad en un mapa?
-¡Tierra rasa, Watson! Campos, Bosques. ¡La estación de ferrocarril más próxima está a tres millas largas de Groxton Low Hall! -Lanzó una especie de gemido-. ¡Miss Forsythe, Miss Forsythe, tiene usted mucho que responder por ello!
-¿Yo? ¿Qué yo tengo mucho que responder...? ¿Puede usted creerme, señor, si le digo que en un misterio tan prolongado no ha hecho otra cosa sino enloquecerme casi? Ni Charles ni Lady Mayo dirán una palabra.
-¿De explicación?
-¡Precisamente! -Hizo un ademán con la cabeza en dirección al criado-. Charles ha enviado a Londres a Trepley con una carta, para ser entregada en propias manos, y yo he teniendo la paciencia de aguantarme las ganas de conocer su contenido.
-Lo siento, señorita -dijo entonces el hombrecillo, algo ariscamente, pero con deferencia-. Son órdenes.
Por vez primera observé que Trepley, que iba uniformado más bien de cochero que de criado, oprimía entre sus manos un sobre en tal forma, cual si temiese que se lo arrebataran. Sus claros ojos enmarcados por las espesas patillas, giraban en sus órbitas observando la estancia. Sherlock Holmes avanzó hacia él.
-Buen hombre -dijo-. Haga el favor de enseñarme ese sobre.
A menudo he comprobado que una persona estúpida es la más lealmente terca. Los ojos de Trepley eran casi los de un fanático.
-Le pido perdón, señor, pero no quiero hacer lo que usted me dice. Por el contrario, haré lo que me han ordenado suceda lo que suceda.
-Le digo, buen hombre, que no es el momento de vacilar. No deseo leer la carta sino, simplemente, ver la dirección estampada en la parte anterior del sobre y el membrete de la parte posterior. ¡Vamos, aprisa! ¡Ello puede suponer la vida de su amo!
Trepley vaciló y se pasó la lengua por los labios. Sosteniendo cautelosamente el sobre por un borde, se lo mostró a Holmes, quien lanzó un silbido.
-¡Hola! -exclamó-. Está dirigida nada menos que a un personaje como Sir Charles Warren, el Comisario General de la Policía Metropolitana.

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