El caso de los siete relojes (Arthur Conan Doyle) Libros Clásicos

Página 15 de 21

Pero, cuando menos, tenga compasión de la pobre damita que está a su lado. ¿Dónde está Mr. Hendon? ¿Por qué se dedica a destrozar relojes? ¿Por qué razón ha de estar en peligro su vida?
-¡Basta, Watson! -exclamó Holmes con una ligera aspereza en el tono de su voz-. Usted mismo me desconcertó enumerándome los motivos por los cuales Mr. Charles Hendon, inconfundiblemente, no es inglés.
-¿Y bien? ¿En qué puede ello ayudarnos?
-Pues porque el llamado «Charles Hendon» no es ciertamente inglés.
-¿Que no es inglés? -exclamó Celia Forsythe extendiendo su mano-. ¡Pero si habla perfectamente nuestro idioma! -La respiración se ahogó en su garganta-. ¡Demasiado perfectamente! -murmuró.
-Este joven -dije yo-, ¿no es acaso de elevada posición social?
-Al contrario, querido amigo. Su sagacidad nunca falla. En efecto, es de una posición muy elevada. Y ahora nómbreme usted la única Corte Imperial de Europa- ¡fíjese bien, Watson, Corte Imperial! - en la que el hablar inglés a superado a todos los idiomas, excepto a su propio idioma nativo.
-No puedo recordarla. No lo sé...
-Entonces, procure recordar lo que sabe. Pocos minutos antes de que Miss Forsythe viniera a vernos por vez primera, yo estaba leyendo en voz alta algunas noticias de la prensa diaria que, de momento, parecían aburridamente carentes de importancia. Una de ellas decía, por ejemplo, que los nihilistas, la peligrosa banda de anarquistas que intentan reducir a Rusia a la nada, eran sospechosos de maquinaciones contra la vida del Gran Duque Alexei, en Odesa. ¡El Gran Duque Alexei, ya lo oye! Ahora bien, el sobrenombre que en la intimidad daba Lady Mayo a «Mr. Charles Hendon» era...
-¡Alec! -exclamé.
-Podría haber sido tan sólo una simple coincidencia -observó Holmes encogiéndose de hombros-. Sin embargo, si reflexionamos sobre la Historia contemporánea, vemos que en un anterior atentado contra la vida del último Zar de todas las Rusias -que resultó hecho trizas el año 81 por la explosión de una bomba de dinamita-, el mecanismo del artefacto estaba conectado con las teclas de un piano. Las bombas de dinamita, Watson, son de dos clases. Unas, las de envoltura de hierro y muy ligeras, se encienden mediante una corta mecha que llevan adherida, y se arrojan luego. Las otras, también de hierro, estallan debido a un mecanismo de relojería, cuyo tic-tac es lo único que delata su presencia.

Página 15 de 21
 

Paginas:


Compartir:




Diccionario: