El caso de los siete relojes (Arthur Conan Doyle) Libros Clásicos

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En este momento se halla sobre el tejado del Hall velando fielmente por la seguridad de su amo.
El efecto de esta especie de discurso, fue extraordinario. Sherlock Holmes se puso en pie de un brinco en el coche; y su capa desplegó una silueta negra y grotesca cuando se asió al pescante para sostenerse.
-¿En el tejado? -dijo como un eco-. ¿En el tejado?
Luego giró en redondo, asiendo al cochero por los hombros.
-¡Arrea a los caballos, gritó-. ¡Por el amor de Dios, ponlos a galope! ¡No tenemos un segundo que perder!
¡Crack! ¡Crack!, restalló el látigo por arriba de la cabeza del cochero. Los caballos, pifiando, se pusieron al galope y precipitándose hacia delante. En medio de la confusión en que todos estábamos sumidos, se alzó la voz de Lady Mayo que decía enojada:
-¡Mr. Holmes! ¿Es que ha perdido usted el juicio?
-¡Ya habrá de ver usted que aún lo conservo! Miss Forsythe, ¿oyó usted al Gran Duque dirigirse a ese hombre llamándole Trepley?
-Yo... pues no exactamente -balbució Celia Forsythe-. Como ya le informé a usted, Charl... ¡Oh, cielos ayudadme...! El Gran Duque le llamaba «Trep». Yo supuse....
-¡Exacto! Usted supuso... Pero ha de saber que el verdadero nombre de ese hombre de ese hombre es Trepoff. De su primera descripción deduje que era un mentiroso y un traidor.
Los setos centelleaban al paso de nuestro carruaje; tintineaban los bocados de los frenos y los arneses; volábamos con el viento.
-¿Recuerda usted -prosiguió Holmes-, la consumada hipocresía de ese hombre cuando su amo destrozó el primer reloj? Dijo usted que la de él era una expresión de embarazo y vergüenza, ¿no es así? Pues lo que él se proponía era que usted creyera que Mr. Charles Hendon estaba loco. ¿Cómo llegó usted a tener conocimiento de los otros cinco relojes, los cuales eran puramente imaginarios? Pues porque Trepoff se lo dijo. El esconder un reloj
o una bomba en un armario, eso sí que habría sido locura... en el caso de que el Gran Duque Alexei lo hubiera hecho.
-Pero, Holmes -objeté-. Puesto que Trepoff en su ayuda de cámara...
-¡Más aprisa, cochero! ¡Más aprisa! ¿Decía usted, Watson...?
-Pues que seguramente Trepoff debe haber tenido cientos de oportunidades para matar a su amo, por medio de cuchillo o veneno, sin necesidad de recurrir a este espectacular suplemento de una bomba.

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