El espanto de la cueva de Juan Azul (Arthur Conan Doyle) Libros Clásicos

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Pero ha ocurrido algo que es más grave que todo eso. Ha desaparecido también el joven Armitage. Salió de su casita del páramo a primera hora de la noche del miércoles, y nada ha vuelto a saberse de él. Era hombre que no tenía lazos de familia, y por eso su desapa­rición ha impresionado menos que si los hubiese tenido. La explicación que circula entre la gente es que estaba endeudado y que encontró colocación en alguna otra zona del país, desde la que no tardará en escribir pidiendo que le envíen sus pertenencias. Sin embargo yo siento graves recelos. ¿No es mucho más probable que esta última tragedia de las ovejas desaparecidas lo haya impulsado a dar algunos pasos que le han acarreado la muerte? Quizá estuvo, es una suposición, al acecho de la bestia y ésta se lo llevó a sus escondrijos del interior de las montañas. ¡Qué final inconcebible para un inglés civilizado del siglo XX! Sin embargo, yo tengo la sensación de que es posible y hasta probable que haya ocurrido eso. Pero en tal caso, ¿hasta qué punto dejo de ser responsable de la muerte de ese hombre y de cualquier otra desgracia que pueda ocurrir? Sabiendo lo que yo sé, no cabe duda de que es mi deber el que se tome alguna medida, o que la tome yo, si no hay más remedio. Me he decidido por lo último, y esta mañana me presenté en el puesto de Policía local y relaté mi historia. El inspector la copió en un libro voluminoso y después me acompañó hasta la puerta, despidiéndose de mí con una inclinación y con una seriedad digna de elogio; pero cuando yo caminaba por el sendero de su jardín llegaron a mis oídos sus carcajadas. No me cabe duda de que aquel hombre estaba contando mi aventura a los miembros de su familia.
Junio 10.
Escribo lo que sigue, incorporado en mi cama, seis semanas después de la última anotación que hice en este diario. Un hecho que me ha ocurrido y que sólo en alguna rara ocasión ocurrió con anterioridad a otro ser humano, me ha dejado terriblemente quebrantado de alma y de cuerpo. Pero he conseguido lo que me proponía. Los peligros que suponía el animal espantoso que se cobijaba en la caverna de Juan Azul han desaparecido para siempre. Yo, pobre inválido, he llevado a cabo por lo menos esa hazaña en bien de la comunidad.

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