El espanto de la cueva de Juan Azul (Arthur Conan Doyle) Libros Clásicos

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Sin dejar de correr, descubrí a la enorme bestia que avanzaba delante mío, obstruyendo con su enorme cuerpo todo el hueco, de pared a pared. El pelo del animal parecía como de burda estopa de cáñamo, y le colgaba en largos y tupidos mechones que tomaban un movimiento pendular cuando él se movía. Por su vellón se le hubiera calificado de enorme carnero sin esquilar; pero su tamaño excedía al del más voluminoso elefante, y su anchura parecía casi tanta como su estatura. Ahora que pienso en ello, me produce asombro el que yo me atreviera a marchar por las entrañas de la tierra persiguiendo a tan terrible monstruo; pero cuando le hierve a uno la sangre y se tiene la impresión de que la pieza de caza huye, se despierta dentro de uno el atávico espíritu del cazador y se prescinde de toda prudencia. Como a todo lo que daban mis piernas, siguiendo al monstruo con mi rifle en la mano.
Había tenido la ocasión de comprobar que el animal era veloz, y ahora iba a descubrir a mis propias expensas que también era muy astuto. Me había imaginado que huía presa de pánico, y que no me quedaba otra cosa por hacer que perseguirlo. Ni por un momento surgió en mi cerebro exaltado la idea de que pudiera volverse contra mí. He explicado ya que el túnel por el que yo avanzaba corriendo desemboca en una gran caverna central. Me precipité en su interior, temiendo que la bestia se me perdiera. Pero ya no huía, sino que dio media vuelta y un momento después estábamos cara a cara.
Aquel cuadro, visto a la luz brillante y blanca de la linterna, ha quedado para siempre grabado en mi cerebro. El animal se había erguido sobre sus patas traseras, como pudiera hacerlo un oso, y me dominaba con su estatura enorme y amenazadora. Ni en mis pesadillas había aparecido ante mi imaginación un monstruo semejante. He dicho que se irguió lo mismo que un oso, y, en efecto, producía cierta impresión de oso -si es posible imaginarse un animal de esa clase de un volumen diez veces mayor que cualquiera de los osos conocidos­en el conjunto de su postura y actitud, en sus grandes y torcidas patas delanteras armadas de garras de un color marfileño, en su piel afelpada y en su boca roja y abierta, dotada de monstruosos colmillos.

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