La aventura del cliente ilustre (Arthur Conan Doyle) Libros Clásicos

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También yo, dentro de mi frialdad, me sentía irritadísimo, porque la superioridad y la suprema complacencia en sí misma de la mujer a la que intentábamos salvar tenían un algo de indeciblemente molesto. Ya sabe usted, pues, otra vez cuál es la situación y es evidente que necesito preparar otra jugada de salida, porque este gambito ya no sirve. Me mantendré en contacto con usted, Watson, porque es más que probable que tenga que representar un papel en la obra, aunque quizás es también posible que la próxima jugada la hagan ellos más bien que nosotros.
Y la hicieron. Descargaron el golpe, o mejor dicho, lo descargó, porque jamás he podido creer que la dama pudiera ser copartícipe del mismo. Creo que aún hoy podría señalar la losa de la acera en que yo estaba cuando mis ojos se posaron en el cartelón anunciador, con un sentimiento angustioso de horror que traspasó mi alma.
Fue entre el Gran Hotel y la estación de Charing Cross donde un vendedor de periódicos, al que le faltaba una pierna, tenla expuestos los periódicos de la tarde. Era exactamente dos días después de nuestra última conversación. Creo que permanecí unos momentos como atontado por un golpe. Conservo luego el confuso recuerdo de que eché mano violentamente a un periódico, de que el vendedor me reprendió, porque no le había pagado, y, por último, de que me detuve en la puerta de entrada de una farmacia, mientras encontraba la funesta gacetilla. La terrible hoja anunciadora de las noticias decía en letra negra sobre fondo amarillo:
MORTAL AGRESIÓN CONTRA SHERLOCK HOLMES

«Nos enteramos, con pesar, de que el conocidísimo detective particular míster Sherlock Holmes ha sido víctima esta mañana de una mortal agresión, de resultas de la cual ha quedado en estado grave. No se poseen detalles exactos acerca del suceso, pero debió de ocurrir en la calle Regent a eso de las doce de la noche, frente al café Royal. La agresión fue llevada a cabo por dos hombres armados de bastones, y míster Holmes fue golpeado en la cabeza y en el cuerpo, recibiendo heridas que los médicos califican de muy graves. Fue conducido al hospital de Charing Cross, y después insistió en que le condujesen a sus habitaciones de la calle Baker. Según parece, los malhechores que le agredieron eran hombres bien vestidos, que luego se pusieron a salvo de las personas que presenciaron el caso, metiéndose por el café Royal y saliendo de éste por la parte trasera, a la calle Glasshouse.

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