La Nueva Revelación. El Espiritismo (Arthur Conan Doyle) Libros Clásicos

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Según todas las apariencias, hallábase en vías de manifestarse una Nueva Revelación, aunque ésta se hallara todavía en lo que podríamos llamar la fase de Juan el Bautista en relación a Cristo y, por consiguiente, bastante alejada de una claridad total. Mi opinión sobre los fenómenos físicos es de que éstos han sido demostrados a todos con evidencia indudable y no tienen sino una importancia secundaria, en tanto que su valor real radica en la objetividad que aquéllos brindan a un campo inmenso de los conocimientos. Estos conocimientos son los que modificarán nuestras concepciones religiosas actuales y, tras una comprensión y asimilación racionales, deben hacer de esta realidad una religión; pero no ya un artículo de fe, sino una cuestión efectiva. Este es el aspecto del problema que quisiera tratar ahora. No obstante, he de añadir a mis observaciones precedentes que a partir de la guerra, y en ocasiones excepcionales, me ha sido posible confirmar todas mis opiniones en cuanto a la verdad de los hechos generales en que se fundan mis ideas.
Estas ocasiones fueron debidas a que una señorita que vivía con nosotros, llamada L. S., se mostró dotada de la facultad escribiente automática. De todas las formas del mediumnismo, ésta es, a mi juicio, la que debe someterse a pruebas más rigurosas, pues se presta no tanto al engaño de los demás como de uno mismo, lo que es infinitamente más sutil y peligroso. Esta persona, ¿escribe por sí misma? ¿Existe, como ella afirma, un poder que la dirige, como aseveraba el cronista de los israelitas en la Biblia? En el caso de la señorita L. S. es indiscutible que algunos mensajes resultaron inexactos; en particular, en lo que se refería al tiempo, no debía tenérselos en cuenta. Por otra parte, el número de los que resultaron exactos era superior a los que podría explicárselos como una conjetura o coincidencia. Por ejemplo, cuando fue hundido el Lusitania y los periódicos de la mañana anunciaron que por lo que se sabía no había habido víctimas, el médium escribió de inmediato:

Es terrible, terrible, y ha de ejercer una gran influencia sobre la guerra". En efecto, esta fue la razón determinante de la intervención americana en el gran conflicto; la comunicación fue, pues, exacta desde ambos puntos de vista. Otra vez la señorita L.
S. predijo la llegada de un telegrama importante indicando la fecha de su recibo, así como el nombre del remitente, que era la persona que menos podía esperarse.

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