La Nueva Revelación. El Espiritismo (Arthur Conan Doyle) Libros Clásicos

Página 18 de 132

Si ésta es la obra del diablo, habrá que reconocer que el diablo es muy poco listo, puesto que obtiene resultados tan opuestos a los que se le atribuyen.
* Locución latina de Virgilio (Eneida, II:6) que se aplica a acontecimientos en los que uno ha tomado pequeña parte. [Nota de la Editora. ]

Capítulo II LA REVELACIÓN
Ahora puedo abordar con cierto placer un aspecto más impersonal de esta importante cuestión. Anteriormente he aludido a una forma de doctrina nueva. ¿Cómo ha llegado hasta nosotros? Principalmente mediante escritos automáticos trazados por la mano de los médiums, que es conducida, ya por un Espíritu que se supone ser el de un difunto, como el de Julia Ames a William Stead, o bien por un Espíritu educador, a través del reverendo Staintorl Moses. Estas comunicaciones escritas son ampliadas por un número considerable de manifestaciones hechas en estado de trance y por mensajes verbales de los Espíritus transmitidos por los médiums. A veces esta doctrina ha sido revelada incluso sin intermediarios, haciendo oír su voz los Espíritus directamente, como en numerosos casos descritos por el almirante Usborne Moore en su libro The voices. De vez en cuando se manifiesta en el seno de las familias en sesiones con mesas giratorias, como ya he manifestado anteriormente en dos ocasiones al hablar de mis propios experimentos. A veces, de la manera como lo ha narrado el señor de Morgan, utilizándose la mano de un niño para dársela a conocer.
Pero a esto se hace la siguiente objeción: ¿cómo saben ustedes que tales mensajes proceden del Más Allá? ¿Cómo pueden estar seguros de que el médium no escribe conscientemente o, si esto es improbable, de que los mensajes en cuestión no se los dicte su subconsciente sin que él se dé cuenta? Es esta una manera de razonar muy acertada que debemos aplicar en todo momento, pues, si el mundo entero ha de llenarse de profetas subalternos, cada uno de ellos enunciará su propia concepción de esta doctrina religiosa apoyándola únicamente en su propia afirmación, lo que equivaldría a volvernos a los tiempos sombríos de la fe ciega. Será preciso, pues, requerir respuestas sustentadas por pruebas antes de aceptar afirmaciones cuya verdad no pueda probarse. Antiguamente se le pedía al profeta un milagro, lo que era perfectamente lógico, y aún lo es. Igualmente, si una persona me ofrece un relato de la vida en otro mundo sin presentar otras piezas justificativas que sus afirmaciones, será más conveniente que su trabajo vaya a parar al cesto de los papeles que a mi mesa de trabajo.

Página 18 de 132
 

Paginas:
Grupo de Paginas:         

Compartir:




Diccionario: