La Nueva Revelación. El Espiritismo (Arthur Conan Doyle) Libros Clásicos

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Lo que más nos atrae de Él es su presteza para asimilar la esencia de la religión y rechazar los textos y las fórmulas; no hay ejemplo de más buen sentido ni de más grande simpatía por los débiles. Fue realmente la más maravillosa de las existencias y muy superior a su muerte, a la que se ha convertido en el verdadero centro de la religión cristiana.
Ahora consideremos la luz que han arrojado nuestros guías espirituales sobre la cuestión del Cristianismo. En el Más Allá las opiniones no son más acordes que aquí. No obstante, leyendo cierto número de mensajes sobre esta cuestión puede decirse que se reducen a lo siguiente: por encima de los Espíritus de nuestros difuntos existen otros muchos Espíritus que les son superiores y que varían de género. Llamadles ángeles y os acercaréis a la vieja concepción religiosa. Por encima de todos ellos se encuentra el mayor Espíritu de que se ha tenido conocimiento; no Dios, puesto que Dios es infinito y no se encuentra a nuestro alcance, sino el que está más cerca de Dios y que hasta cierto punto lo representa en la Tierra: el Espíritu de Jesucristo. El objeto de su solicitud es la Tierra. Descendió entre nosotros en una época de gran depravación terrestre -en una época en que el mundo era tan perverso como ahora- para dar ejemplo de una vida ideal. Después volvió a su morada celeste, tras haber dejado una doctrina que todavía no es observada totalmente. Tal es la historia de Jesucristo, conforme a como los Espíritus la refieren. No se trata de expiación ni de redención; pero contiene, a mi juicio, un sistema perfectamente realizable y racional.
Si esta concepción del Cristianismo fuera aceptada en general y corroborada por la seguridad y las demostraciones de la Nueva Revelación que recibimos del otro mundo, tendríamos una creencia que agruparía a todas las confesiones, podría ponerse de acuerdo con la ciencia, refutaría con éxito a todos los ataques del materialismo y podría sostener la fe cristiana por un tiempo indefinido. Cuando menos se reconciliaría a la fe con la razón, alejaría una gran pesadilla de nuestros pensamientos y resplandecería la paz espiritual. Yo no creo que estos resultados puedan implantarse mediante un logro rápido o una revolución violenta, sino más bien como una penetración pacífica, serena, del mismo modo que ciertas ideas -como la de un infierno eterno- han ido desapareciendo paulatinamente durante el curso nuestra misma generación.

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