La Nueva Revelación. El Espiritismo (Arthur Conan Doyle) Libros Clásicos

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Ya se han citado dos ejemplos; en este pequeño opúsculo se explican otros muchos. Lo que me ha convencido de la veracidad de su tesis es que la historia de la materialización de los dos profetas en la montaña era extraordinariamente exacta, si se la juzga según los principios psíquicos que conocemos. Tenemos primero la circunstancia de que la elección recayó sobre Pedro, Jacobo y Juan, que formaban el círculo psíquico cuando se produjo el hecho, y que eran probablemente los más impresionables del grupo. Luego tenemos la elección del lugar, por el aire puro de la montaña, las vestiduras resplandecientes, la nube y las palabras: "Construyamos tres tiendas", es decir, el medio ideal para producir las apariciones por la facilidad de concentración de la fuerza psíquica. Todo esto constituye una teoría muy consistente respecto a la similitud de los procedimientos. En cuanto a lo demás, la exposición de los dones que San Pablo atribuye a los discípulos cristianos, éstos son los que poseen nuestros médiums, tales como las facultades de profetizar, curar, don de lenguas, traslación de objetos -fenómenos físicos-, clarividencia, etcétera (véase 1 Corintios, 12:8 a 11). La Iglesia cristiana primitiva estuvo saturada de prácticas espiritas y no parece haber prestado atención a las prohibiciones del Antiguo Testamento, que ordenaba reservar esas prerrogativas para uso y provecho exclusivo del clero.

Capítulo III LA VIDA FUTURA
Abandonando por ahora este vasto problema -que tan fértil puede ser si es discutido y estudiado- de las modificaciones que la Nueva Revelación puede provocar en el Cristianismo, intentaré describir la suerte que le espera al hombre después de la muerte. La evidencia sobre este particular es absoluta. En diferentes países y en épocas distintas han sido recibidos numerosos mensajes del Más Allá, cuyas particularidades referentes a este mundo han podido ser comprobadas, y no deja de ser justo suponer, creo yo, que si lo que hemos podido comprobar es cierto, lo que escapa a nuestro control lo es igualmente. Por añadidura, teniendo en cuenta que encontramos una grandísima conformidad entre los mensajes y una no menor concordancia en los detalles, que no guardan la menor relación con ningún sistema filosófico preexistente, la suposición de su veracidad resulta muy sólida. Sería absurdo admitir que quince o veinte mensajes de origen diverso que yo he recogido personalmente, los cuales son similares entre sí, serían no obstante falsos, del mismo modo que sería estúpido suponer que los Espíritus dicen la verdad al hablar de nuestro mundo y mienten al referirse al espiritual.

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