La Nueva Revelación. El Espiritismo (Arthur Conan Doyle) Libros Clásicos

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Los seres se hallan vestidos, como es fácil suponer, pues no hay ninguna razón para renunciar a la decencia bajo nuevas apariencias; éstas son, por lo demás, la reproducción de las formas humanas perfeccionadas, llegando los jóvenes a la madurez y recobrando los ancianos la juventud. La vida se halla organizada en comunidades con arreglo a las mutuas inclinaciones de unos y otros, encontrando el espíritu masculino su verdadera compañera, aun cuando no haya sexualidad, en el sentido vulgar de la palabra y tampoco, por consiguiente, procreación. Como las relaciones siguen siendo las mismas, los que han llegado a cierto grado de desarrollo se mantienen en él; cabe suponer, pues, que las naciones continúen divididas con el mismo rigor que en la Tierra, lo cual no es una consecuencia de la diversidad de lenguas, puesto que el único medio de ponerse en comunicación es por medio del pensamiento. La intimidad de las relaciones entre las almas afines ha sido demostrada por la forma en que Myers, Gurney y Rodin Noel, amigos y colaboradores los tres en la Tierra, se comunicaron a través del señor Holland, para el que eran absolutamente extraños, y, sin embargo, cada uno de los mensajes era muy característico, conforme a como fueron conocidos estos Espíritus en la vida terrena. Esta intimidad de relaciones ha sido afirmada asimismo por el caso de los profesores Verrall y Butcher, dos sabios griegos que construyeron juntos lo que ellos
* No consideramos acertado a este criterio de Conan Doyle que se refiere al debilitamiento de las posibilidades de manifestación de los Espíritus conforme al tiempo transcurrido desde su desencarnación, o muerte, pues ello sería poner limitaciones a dos mundos que se interpenetran y actúan incesantemente el uno sobre el otro y, en especial, a los Espíritus superiores, como el caso referido en este párrafo al mismo Cristo. Las manifestaciones no dependen tanto de los Espíritus como de las condiciones que ofrezcan los encarnados, pero, tengamos en cuenta que estas posibilidades, no existiendo en el medio humano, los Espíritus, principalmente los superiores, pueden lograrlas en el laboratorio del mundo invisible, y es así como se cumple aquello que dice el Evangelio: "El Espíritu sopla donde quiere", (véanse al respecto los capítulos I al VIII, segunda parte: "De las manifestaciones espiritas", de El Libro de los Médiums, de Allan Kardec). [Nota de la Editora.)
** Indudablemente Conan Doyle ignoraba las obras que conforman la Codificación Kardeciana, pues en ellas hay comunicaciones de Espíritus mucho más antiguos, como los de Platón, Sócrates, Erasto, San Agustín, Timoteo, San Juan Evangelista, etcétera, quienes integran la pléyade que reveló la Doctrina de los Espíritus bajo la denominación de Espíritu de Verdad.

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