La Nueva Revelación. El Espiritismo (Arthur Conan Doyle) Libros Clásicos

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[Nota de la Editora.]
llaman el problema griego. Analizando este trabajo en The Ear of Dionysius, Gerald Balfour, deduce, en consecuencia, con toda la autoridad de que goza, que semejante resultado sólo podía ser obtenido por ellos -por Verrall y Butcher- y nadie más. Debe advertirse incidentalmente que estos diversos ejemplos demuestran claramente, o que los Espíritus disponen de numerosos archivos, o que sus facultades se hallan desarrolladas hasta el extremo de mostrarlas omniscientes. Ningún humano sería capaz de hacer citaciones exactas como las hacen los Espíritus cuyas comunicaciones se reproducen en T h e E a r o f Dionysius.
Tal es, en líneas generales, la vida del Más Allá en sus manifestaciones más simples, pues no todo en ella es simple. Tenemos débiles destellos de círculos inferiores infinitos que descienden a las tinieblas y círculos superiores infinitos que ascienden hacia la gloria, todos ellos progresivos, esenciales e intensamente vívidos. Según nuestros informes, ninguna religión terrestre predomina sobre otra, en tanto que las cualidades individuales y la perfectibilidad gozan de grandes ventajas. Asimismo existe unanimidad respecto a las alabanzas otorgadas a las religiones que inculcan la oración, la elevación de los corazones y el renunciamiento por las cosas terrenas. Desde este punto de vista y no otro
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como ayuda espiritual-, es indudable que toda forma de religión es de una utilidad indiscutible. Si el hacer girar un cilindro de cobre obliga al tibetano a admitir que hay algo más alto que sus montañas y más precioso que sus búfalos, esta acción no deja de ser excelente. No debemos mostrarnos muy severos en nuestro juicio sobre tales cuestiones.
Queda otra cuestión digna de ser examinada aquí, pues es muy sorprendente y, por esto mismo, se impone a nuestra atención. Se trata de la constante afirmación de los mensajeros del Más Allá de que los recién llegados no saben que han muerto y que tiene que transcurrir cierto tiempo -a veces bastante largo- para que se den cuenta de ello. Todos reconocen que este estado de perplejidad es nocivo y retrasa su progreso. El único modo de salvar los efectos de este período de angustia en el otro mundo sería adquiriendo un cierto conocimiento de esta verdad sustancial en el nuestro. No es de extrañar que los Espíritus consideren a sus nuevas sensaciones como un sueño extraño al observar cómo difiere lo que les rodea de las enseñanzas religiosas y científicas que les fueron brindadas.

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