La Nueva Revelación. El Espiritismo (Arthur Conan Doyle) Libros Clásicos

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Ol­vidamos que allí todo se halla también proporcionado y en armonía, de manera que la región en que se mueven y en que habitan los Espíritus, que a nosotros nos parece pertenecer al dominio del sueño, es tan real para ellos como nuestro planeta lo es para nosotros y el cuerpo espiritual es tan tangible para otro Espíritu como lo son nuestros cuerpos terrestres para nuestros amigos.

Capítulo IV PROBLEMAS Y DELIMITACIONES
Renuncio por el momento a demostrar con más amplitud el hecho mismo que fundamenta a esta Revelación y su incontestable veracidad, dado que algunos detalles han suscitado mi atención y merecen ser exanimados. La esfera en que gravitan nuestros muertos parece hallarse muy cerca de nosotros, tan cerca que a ella nos trasladamos continuamente durante el sueño, como nos lo hacen saber nuestros difuntos. Gran parte de la serena resignación que observamos a veces en personas que han perdido a un ser querido -personas por cuya razón temíamos después de tal pérdida- se debe a que han vuelto a ver a su bien amado, aunque el olvido sea completo y estas personas sean incapaces de acordarse del menor aspecto de las experiencias espiritas acaecidas durante su sueño; no obstante, su dolor ha sido suavizado por obra de su subconsciente. Como ya he dicho, el olvido es completo; pero a veces, por un motivo cualquiera, éste queda en suspenso durante unos instantes, y entonces la persona se despierta de su sueño rodeada todavía por nubes de gloria. Esta conciencia momentánea da una explicación de los sueños proféticos, que en su mayor parte se han realizado.
Yo mismo tuve hace algún tiempo una experiencia de esta índole, la que me parece merecedora de ser divulgada. El 4 de abril de 1917 me desperté con la sensación de haber recibido una comunicación. Sólo me acordaba de una palabra, que resonaba sin cesar en mis oídos. Esta palabra era Piave, la cual, por lo que yo podía acordarme, me era absolutamente desconocida. Sospechando que se refería a algún país, mi primer impulso fue el de consultar el índice de un atlas, y descubrí que en Italia hay un río con este nombre a unas cuarenta millas de la retaguardia del frente italiano de operaciones, que por aquella fecha se realizaban victoriosamente. Yo no podía concebir nada más inverosímil que el retroceso del frente italiano hasta el Piave, y tampoco me imaginaba qué acontecimiento militar podría tener lugar en tal sitio.

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