La Nueva Revelación. El Espiritismo (Arthur Conan Doyle) Libros Clásicos

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A tales comunicaciones se debe, sin «
duda, que el apóstol Juan dijera: Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad si «
los espíritus son de Dios .
Estas palabras evidencian que no sólo practicaban los primeros cristianos el Espiritismo, tal como nosotros lo entendemos, sino también que tropezaban con las mismas dificultades que nos otros. No hay nada más desconcertante que recibir un mensaje largo y detallado cuyos diversos fragmentos guardan conexión entre sí y descubrir después que todo él no es más que una absoluta maquinación. Sin embargo, no debemos perder de vista que la suma de los experimentos auténticos es mayor que la de las mixtificaciones, del mismo modo que al recibir un telegrama exacto no se puede dudar de la existencia de la línea telegráfica y del aparato de transmisión, aunque una y otro pueden sufrir alteraciones o desperfectos. Debe admitirse, sin embargo, que esto nos defrauda en gran medida y nos vuelve escépticos mientras no haya quedado establecida la prueba de los mensajes. Parientes cercanos de estos Espíritus mixtificadores son, a no dudar, todos esos Milton incapaces de versificar, esos Shelley incompetentes para rimar, esos Shakespeare nulos para pensar, así como otras tantas personificaciones absurdas que ridiculizan nuestra causa. A juicio mío, los fraudes existen tanto en nuestro mundo como en el otro; pero descalificar por esto a la cosa misma en sí sería tan ridículo como descalificar al Universo porque se encuentren en él personas antipáticas y de baja moralidad.
Por mi parte, puedo afirmar que a pesar de la falsedad de ciertos mensajes nunca he oído hablar de ninguno, desde que me intereso por esta cuestión, que fuera blasfematorio, malévolo u obsceno. Tales incidentes deben ser de índole excepcional. Asimismo, creo que los alegatos respecto a la locura, la obsesión de los médiums, etcétera, carecen en absoluto de fundamento. Las estadísticas de los manicomios contradicen tales afirmaciones y los médiums alcanzan un promedio de longevidad comparable al de los demás individuos. No obstante, opino que no deben realizarse las sesiones si no es con moderación y prudencia. Cuando uno se ha convencido de la verdad del fenómeno, las sesiones han producido ya su efecto, su resultado provechoso. El que se pasa la vida corriendo de una sesión a otra se halla en peligro de volverse, simplemente, un maniático. Tanto en estas prácticas, como en las de las religiones llamadas positivas, la forma es susceptible de eclipsar a la realidad y, por tanto, llevando demasiado lejos la investigación de las pruebas físicas, se expone uno a olvidar que el objeto de estos experimentos es -como ya he procurado demostrar- el de darnos la seguridad de una vida futura y de una fuerza espiritual en el presente para llegar a comprender la verdadera naturaleza efímera de la materia y la importancia suprema de lo que es inmaterial o incorpóreo.

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