La Nueva Revelación. El Espiritismo (Arthur Conan Doyle) Libros Clásicos

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Por tanto, la conclusión de mis largas investigaciones es que, a pesar de los fraudes ocasionales que deploran los adeptos del Espiritismo y no obstante la confusión y el desánimo producido por aquéllos, subsiste en este movimiento un cúmulo de pruebas que se acerca a la verdad infinitamente más que cualquier otro de los sistemas religiosos que conocemos. Como ya he demostrado, este sistema es menos un descubrimiento que una resurrección, resultado que en nuestro tiempo de materialismo viene a ser lo mismo. Ya no nos hallamos en los tiempos en que las opiniones maduras y reflexivas de hombres como Crookes, Russel Wallace, Flammarion, Charles Richet, Oliver Lodge, William Barrett, Cesare Lombroso, los generales Drayson y Turner, el sargento Bellantyne, William T. Stead, el juez Edmonds, el almirante Usborne Moore, el difunto archidiácono Wilberforce, y todo un enjambre de otros testigos de renombre, pueden calificarse de galimatías o de charlatanería fastidiosa. Arthur Hill coincide conmigo en decir que hemos llegado al punto en que son superfluos más testimonios y en el que todo el peso de las denegaciones cae sobre los incrédulos. Los mismos que piden pruebas nunca se han tomado la molestia de examinar las numerosas que existen. Cada cual parece creer que debe examinarse de nuevo toda la cuestión por el hecho de que él pida informaciones y pruebas. El método de nuestros contradictores consiste en considerar a la persona que ha planteado la cuestión y, por tanto, proceder con ella como si hubiera emitido opiniones nuevas, aunque basadas tan sólo en sus propias afirmaciones, mas sin tener en cuenta las pruebas acumuladas por los numerosos investigadores que le han precedido. Este no es un método honrado de crítica, pues la convicción se logra con la concordancia y cantidad de las pruebas acumuladas.
Es evidente que bastarían unos cuantos experimentos por sí solos para aclarar la cuestión. Por ejemplo, en cuanto al estudio de las fuerzas físicas, podríamos contentarnos con las investigaciones del doctor William Crawford, de Belfast. Este doctor instaló a un médium no profesional en una báscula, de modo que sus pies quedaran aislados del suelo, y observó en el curso de la producción de los fenómenos una diferencia de peso de varias libras, resultado que ha demostrado y explicado en una revista científico-espiritista digna de fe. Yo no veo posibilidad alguna de poder negar tal experimento. El fenómeno es y ha sido comprobado firmemente por todas las personas carentes de prevenciones.

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