La Nueva Revelación. El Espiritismo (Arthur Conan Doyle) Libros Clásicos

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¿Cómo vamos a aprovecharlo? Yo opino que el deber nos obliga a ofrecer nuestra creencia, muy especialmente, a los que sufren. Una vez confesada nuestra fe, no debemos insistir, sino dejar que actúe una sabiduría más grande, elevada y poderosa que la nuestra. Nosotros no queremos destruir a ninguna religión; únicamente deseamos combatir a los espiritas demasiado materialistas, sacarlos del camino encajonado del error para transportarlos a cumbres en las que respirarán un aire puro y contemplarán otros valles y otras alturas. Las religiones se hallan en parte petrificadas y en decadencia, ahogadas por las formas y estranguladas por los misterios. Nosotros podemos demostrar que no hay necesidad de ningún tipo de lucha. Todo lo que es esencial es, al mismo tiempo, sencillo y seguro.
La ayuda más preciosa con que podemos contar es la de quienes han perdido seres queridos y suspiran por el restablecimiento de la comunicación entre ellos y sus ausentes. Tampoco esto debe exagerarse. Si un hijo vuestro se hallara en Australia no le exigiríais que abandonara continuamente sus ocupaciones para que os escribiera largas cartas. Hay que saber contentarse con experimentos breves, y una vez logrados debe esperarse serenamente la oportunidad de otra comunicación. Actualmente me relaciono con trece madres que tienen comunicación con sus hijos difuntos, y los mismos padres, aunque no participan de tales comunicaciones, atestiguan igualmente la veracidad de ellas. Sólo una de estas familias, que yo sepa, se entregaba a los experimentos espiritas antes de la guerra. Algunos de estos casos son excepcionales; en dos de ellos los hijos se le aparecieron a sus madres en fotografía. En otro, la madre recibió el primer mensaje por mediación de una persona extraña que había recibido su dirección, y después las comunicaciones se sucedieron directamente. En otra oportunidad los mensajes fueron expedidos designando páginas o libros dispersos en varias bibliotecas. Este procedimiento destruye toda hipótesis telepática. Es evidente que no hay verdad mejor demostrada que ésta.
¿Cómo debemos proceder? En esto radica la dificultad. Hay hombres de buena fe y la superchería es fácil, por lo que es menester obrar con circunspección. Respecto a los médiums, deberán tomarse informes respecto a ellos. Incluso con los mejores puede ocurrir que sólo se obtengan manifestaciones confusas, y las decepciones podrán ser frecuentes. No obstante, algunos obtienen resultados inmediatos, de lo que yo deduzco que no deben rechazarse las leyes con el pretexto de sus aparentes contradicciones.

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