La Nueva Revelación. El Espiritismo (Arthur Conan Doyle) Libros Clásicos

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Desde que yo he escrito este ensayo han llegado a mi conocimiento tres nuevos relatos que confirman mis palabras. Uno de ellos lo ofrece A. King»s Counsel en su libro I heard a Voice, en el que recomienda a los investigadores -aun cuando el autor manifiesta una marcada inclinación por el Catolicismo-, lo difícil que es para nosotros liberarnos de nuestra primitiva manera de pensar. El segundo de estos relatos, titulado The Light on the Future, es una colección de mensajes sumamente intere­santes sobre el Más Allá recogidos en un círculo de Dublín, tan serio como reputado. El tercero se halla contenido en una carta particular que me dirigió el señor Hubert Wales y es, a mi juicio, el más instructivo.
El señor Wales es un investigador concienzudo y un tanto escéptico que ha rechazado con incredulidad los resultados que ha obtenido personalmente por medio de la escritura automática. Habiendo tenido conocimiento de mi estudio sobre las descrip­ciones del Más Allá, buscó sus antiguos escritos, a los que tan poca importancia había atribuido al principio. He aquí el contenido de su carta: «
Leyendo su artículo me ha sorprendido grandemente el hecho de que los mensajes que yo he recibido describiendo nuestra suerte después de la muerte coincidían en casi todos los puntos con los que publica usted en su colección de documentos de tan diverso origen. No creo haber encontrado nada en mis precedentes lecturas que pueda explicar semejante conformidad. Tampoco había leído nada de lo que ha escrito usted sobre esta cuestión, y por último había evitado a propósito la lectura de Raymond y de otras producciones de esta índole para no influir con ella sobre mis resultados. Los Proceedings de la Psychical Research Society no tratan -como usted sabe- de las circunstancias que siguen a la muerte. Sea como fuere, en diferentes tiempos he obtenido declaraciones -como lo demuestran mis notas redactadas en el mismo momento-que establecen que en este nuevo período de existencia los Espíritus tienen cuerpos que, aunque imperceptibles para nuestros sentidos, son tan palpables para ellos como los nuestros para nosotros. Estos cuerpos poseen las características generales de nuestros cuerpos mortales, pero perfeccionadas; los Espíritus no tienen edad, no sufren como nosotros, no hay entre ellos ricos ni pobres; llevan vestiduras e ingieren alimentos; no duermen, aunque hablan de un estado semiconsciente al que llaman sueño latente, y que me parece que viene a corresponder al estado de hipnosis.

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