La Nueva Revelación. El Espiritismo (Arthur Conan Doyle) Libros Clásicos

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Salía él del refugio cuando cinco piedras lanzadas desde el interior golpearon la puerta; el señor Jaques la abrió y vio las cinco piedras en el suelo. Sir William Barrett acudió a su vez, pero no fue testigo de ningún fenómeno durante el escaso tiempo que permaneció allí. Yo hice después cuatro visitas de unas dos horas cada una sin observar nada en particular, salvo que el reciente trabajo en ladrillo se hallaba agrietado por los golpes que había recibido. Estas fuerzas misteriosas desdeñaron a quienes se ocupan de los fenómenos psíquicos, pues no actuaron para ningún investigador. Mas, sin embargo, no cabe duda de su existencia y sus manifestaciones, puesto que, como ya he dicho, lo menos siete testigos tuvieron ocasión de comprobarlas. Estas fuerzas dejaron, en efecto, huellas de su acción, como, por ejemplo, el hecho de arrancar las piedras que habían sido cimentadas nuevamente para formar el suelo y con las que hicieron pequeños montones muy simétricos. Debe descartarse la suposición de que el albañil pudiera ser el autor de todo esto, pues los hechos se produjeron durante su ausencia. Entretanto, un físico visitó la gruta y sugirió la idea de que todos aquellos fenómenos podían deberse a la emanación de gases del pantano, lo cual no aclaraba la cuestión. Los fenómenos no cesaron, y el 21 de febrero de 1918 recibí una carta del ingeniero Hesketh dándome los detalles más recientes y más completos.
¿Cuál puede ser la explicación real de estos acontecimientos? Sería difícil decirlo. Todo lo que yo puedo manifestar es que aconsejé al señor Jaques que practicara excavaciones en el cerro a cuyo pie hacía construir su refugio. Yo mismo efectué algunas investigaciones por los alrededores y observé que el terreno había sufrido alteraciones en aquel paraje hasta una profundidad de lo menos cinco pies. Por lo que yo puedo juzgar, algo ha sido enterrado allí en una fecha remota, y es probable que, como en el caso citado en el curso de esta obra, exista una conexión entre esta particularidad y los trastornos actuales. Acaso el señor Rolfe sea, sin saberlo, un médium de efectos físicos y cuando se hallaba encerrado en la gruta sus poderes magnéticos se acumularían como en un gabinete de experimentaciones, hallándose dispuestos para entrar en acción. Coincidentemente se hallaría en ese sitio algún intermediario que quiso emplear aquel magnetismo, a lo que se debió seguramente la producción de los fenómenos.

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