La Nueva Revelación. El Espiritismo (Arthur Conan Doyle) Libros Clásicos

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Nuestros deseos y nuestras simpatías nos inducen a vivir con aquellos a quienes amamos, y eso demandaría algo así como una casa, en tanto que la necesidad de reposo mental y de aislamiento común a todos los hombres acarrearía la existencia de habitaciones separadas. Así pues, tomando sólo como base el mantenimiento de la personalidad, se podría haber construido, aun sin la revelación del Más Allá, un sistema de esta índole por medio de la razón pura y la deducción.
Podría preguntarse hasta qué punto corresponde a mis propias ideas esta descripción concreta de la vida de ultratumba y en qué medida es aceptada por las grandes inteligencias que han estudiado la cuestión. A esto responderé que se ajusta a mis conclusiones personales, basadas en un gran número de testimonios existentes y que en sus rasgos principales es aceptada desde hace muchos años por esos trabajadores silenciosos y activos que en el mundo entero estudian la cuestión desde un punto de vista estrictamente religioso. Yo opino que los testimonios que poseemos nos autorizan suficientemente a creer en ella. Por otra parte, quienes han abordado este tema con sangre fría y prudencia científica, se hallaban en muchos casos imbuidos de grandes prevenciones contra las creencias dogmáticas, a lo que se añadía su temor natural a re­sucitar las polémicas teológicas, por lo cual, con frecuencia, se han quedado en la mitad del camino de su aceptación completa. En estas cuestiones -declaraban- no puede haber una prueba positiva, y nos exponemos a equivocarnos, ya dejándonos engañar por un reflejo de nuestras propias ideas, o bien recibiendo las impresiones propias del «
médium. Por ejemplo, el profesor Zóllner escribe: La ciencia no puede hacer uso alguno de la esencia de las revelaciones intelectuales; pero debe guiarse por los hechos observados y por las conclusiones que lógica y matemáticamente las unen". Este pasaje es citado por el profesor Reichel, que lo aprueba, y puede considerárselo sancionado por el silencio que guardan acerca del aspecto religioso de la cuestión la mayor parte de nuestros grandes auxiliares científicos. Este punto de vista es muy comprensible; pero examinado de cerca causa la impresión de una especie de materialismo ampliado. Admitir, como hacen estos observadores, que es innegable que vuelven los Espíritus y que éstos son, en efecto, los amigos que hemos perdido, puesto que nos dan todas las pruebas de ello es, por tanto, hacerse el sordo y ciego respecto a los mensajes que nos envían, lo que es llevar la prudencia hasta los límites de la sinrazón.

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