El signo de los cuatro (Arthur Conan Doyle) Libros Clásicos

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¿Le ha ocurrido algo más?
-Pues sí, y precisamente hoy. Por eso he acudido a usted. Esta mañana he recibido esta carta; tal vez prefiera leerla usted mismo.
-Gracias -dijo Holmes-. El sobre también, por favor. Matasellos de Londres, Sudoeste... Fecha, 7 de julio. ¡Hum! Huella de un pulgar de hombre en la esquina..., probablemente, del cartero. Papel de la mejor calidad. Sobre de los de seis peniques el paquete. Curiosos gustos los de este hombre en cuestión de papelería. No hay dirección. «Acuda esta noche, a las siete, a la puerta del teatro Lyceum, tercera columna de la izquierda. Si no se fía, traiga un par de amigos. Ha sido usted perjudicada y se le hará justicia. No avise a la policía. Si lo hace, todo será en vano. Su amigo desconocido.» Vaya, vaya. Pues sí que tenemos un pequeño misterio. ¿Qué se propone hacer, señorita Morstan?
-Eso es precisamente lo que he venido a consultarle.
-En tal caso, desde luego que iremos. Usted y yo y... sí, claro, el doctor Watson es el hombre indicado. La carta dice que dos amigos. El doctor y yo hemos trabajado juntos otras veces.
-Pero ¿querrá venir? -preguntó la joven, con un tono de súplica en la voz y la expresión.
-Será un orgullo y un placer poder serle útil -dije yo, de todo corazón.
-Son los dos muy amables -respondió ella-. He vivido muy aislada y no tengo amigos a los que recurrir. Bastará con que esté aquí a las seis, supongo.
-Pero no más tarde -dijo Holmes-. Sin embargo, hay otra cuestión. ¿Es ésta la misma letra con la que se escribió la dirección en las cajas de las perlas?
-Las traigo aquí -respondió ella, sacando media docena de trozos de papel.
-De verdad, es usted una cliente modelo. Tiene buena intuición. Vamos a ver.
Extendió los papeles sobre la mesa y los inspeccionó uno tras otro con rápidos vistazos.
-La letra está falseada, excepto en la carta -dijo por fin-, pero no caben dudas acerca del autor. Fíjese en cómo se destaca involuntariamente la «y» griega, y en el giro que remata las «eses». Son indudablemente de la misma persona. No me gustaría darle falsas esperanzas, señorita Morstan, pero ¿existe alguna semejanza entre esta letra y la de su padre?
-No podrían ser más diferentes.

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