El signo de los cuatro (Arthur Conan Doyle) Libros Clásicos

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En el pie izquierdo calza una bota de suela gruesa y puntera cuadrada, con un refuerzo de hierro en el tacón. Es un hombre de mediana edad, muy curtido por el sol, y ha estado en la cárcel. Puede que estos pocos datos le sirvan de alguna ayuda, sobre todo si añadimos que le falta una buena parte de la piel de la palma de la mano. El otro hombre...
-¡Ah! ¿Conque hay otro? -preguntó Athelney Jones en tono burlón, aunque pude darme cuenta de que estaba impresionado por la seguridad con que hablaba Holmes.
-Se trata de una persona bastante curiosa -dijo Sherlock Holmes, dando media vuelta-. Espero poder presentarle a los dos dentro de poco. Tengo que hablar con usted, Watson.
Me condujo al final de la escalera.
-Este acontecimiento inesperado -dijo- nos ha hecho perder de vista el propósito de nuestra excursión.
-Ya he estado pensando en ello -respondí-. No está bien que la señorita Morstan permanezca en esta casa de desgracias.
-No. Tiene usted que acompañarla a su casa. Vive con la señora de Cecil Forrester, en Lower Camberwell. No queda muy lejos. Esperaré aquí a que usted regrese. ¿O está demasiado cansado?
-Nada de eso. No creo que pueda descansar mientras no sepa algo más de este fantástico asunto. Yo ya he visto algo del lado malo de la vida, pero le doy mi palabra de que esta rápida serie de extrañas sorpresas me ha alterado los nervios por completo. No obstante, ya que hemos llegado hasta aquí, me gustaría acompañarle hasta ver resuelto el caso.
-Su presencia me resultará muy útil -respondió-. Investigaremos el caso por nuestra cuenta y dejaremos que ese infeliz de Jones presuma todo lo que quiera con los disparates que se le ocurren. Cuando haya dejado en su casa a la señorita Morstan, quiero que vaya al número 3 de Pinchin Lane, en Lambeth, cerca de la orilla del río. En la tercera casa de la derecha vive un taxidermista, que se llama Sherman. En el escaparate verá una comadreja disecada atrapando a un conejo. Despierte al viejo Sherman, salúdele de mi parte y dígale que necesito a Toby ahora mismo. Tráigase a Toby en el
coche.
-Será un perro, supongo.
-Sí, un perro mestizo, de mezcla rara, con un olfato absolutamente increíble. Confío más en la ayuda de Toby que en la de todo el cuerpo de policía de Londres.

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