El signo de los cuatro (Arthur Conan Doyle) Libros Clásicos

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Hice lo que me indicaba y al instante percibí un olor fuerte, como de alquitrán.
-Ahí es donde puso el pie al escapar. Y si usted puede captar ese rastro, no creo que Toby tenga la menor dificultad. Baje corriendo, suelte al perro, y prepárese a ver a Blondin.
Para cuando salí al jardín, Sherlock Holmes estaba ya en el tejado, y parecía una enorme luciérnaga reptando muy despacio por el caballete. Lo perdí de vista cuando pasó por detrás de una batería de chimeneas, pero volvió a aparecer y después desapareció de nuevo por el otro lado. Doblé la esquina de la casa y lo encontré sentado en la esquina del alero.
-¿Es usted, Watson?
-Sí.
-Éste es el lugar. ¿Qué es esa cosa negra que hay abajo?
-Un barril de agua.
-¿Con la tapa puesta?
-¿Sí?
-¿No hay por ahí una escalera?
-No.
-¡Condenado individuo! Esto es como para partirse el cuello. Yo debería

poder bajar por donde él subió. La tubería parece bastante sólida. Allá vamos, pase lo que pase.
Se oyó un arrastrar de pies y la luz de la linterna empezó a descender poco a poco por la esquina de la pared. Por fin, dando un ágil salto, Holmes aterrizó sobre el barril, y de ahí bajó al suelo.
-Ha sido fácil seguirlo -dijo, mientras se ponía los calcetines y los zapatos-. Había tejas sueltas marcando todo el camino y con las prisas se le cayó esto. Como dicen ustedes los médicos, esto confirma mi diagnóstico.
El objeto que me mostró era una bolsita tejida con hierbas de colores, con algunas cuentas brillantes ensartadas. Por el tamaño y la forma, no era muy diferente de una petaca. En su interior había media docena de espinas de madera oscura, con un extremo afilado y el otro redondo, iguales a la que tenía clavada Bartholomew Sholto.
-Unos chismes infernales -dijo Holmes-. Tenga cuidado de no pincharse. Me alegra mucho haberlas encontrado, porque lo más probable es que el hombre no tuviera más que éstas, y así hay menos peligro de que cualquier día de éstos usted o yo acabemos con una de ellas clavada en la piel. Prefiero con mucho una bala Martini. ¿Se siente en forma para dar un paseíto de seis millas, Watson?
-Desde luego -respondí.
-¿Aguantará su pierna?

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