El signo de los cuatro (Arthur Conan Doyle) Libros Clásicos

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-Claro que sí.
-¡Vamos allá, perrito! ¡El bueno de Toby! ¡Huele, Toby, huele!
Colocó el pañuelo mojado en creosota bajo el hocico del perro, y el animal

lo olfateó, con las peludas patas muy separadas y la cabeza torcida en un gesto muy cómico, como si fuera un entendido en vinos apreciando el buqué de un famoso reserva. A continuación, Holmes arrojó lejos el pañuelo, ató una fuerte cuerda al collar del chucho y lo condujo al pie del barril de agua. Al instante, el animal estalló en una serie de gañidos agudos y trémulos y, con el hocico pegado al suelo y la cola en alto, se lanzó a seguir la pista .a tal velocidad que mantenía la cuerda siempre tirante y nos obligaba a caminar lo más deprisa que podíamos.
Empezaba a clarear poco a poco por el Este, y la luz fría y gris nos permitía ya ver a cierta distancia. El gran caserón cuadrado, con sus ventanas negras y vacías y sus muros altos y desnudos, se alzaba a nuestras espaldas, triste y desolado. Nuestro recorrido nos llevó a través de los terrenos de la casa, entrando y saliendo de las zanjas y agujeros que se abrían como cicatrices. Todo aquel lugar, con sus montones de tierra por todas partes y sus raquíticos arbustos, tenía un aspecto de ruina y malos augurios que casaba a la perfección con la siniestra tragedia que se cernía sobre él.
Al llegar a la tapia exterior, Toby corrió a lo largo de su sombra dando gemidos de ansiedad, hasta que se detuvo en un rincón ocupado por un haya joven. En el ángulo de las dos paredes alguien había aflojado varios ladrillos, y las grietas resultantes estaban gastadas y redondeadas por la parte inferior, como si se hubieran utilizado a menudo como escalera. Holmes trepó por ellas, hizo que yo le pasara el perro y lo dejó caer al otro lado.
-Aquí hay una huella de la mano de Patapalo -me dijo cuando trepé hasta llegar a su lado-. Mire esa manchita de sangre sobre el yeso blanco. Es una suerte que no haya llovido mucho desde ayer. El olor aún seguirá en la carretera, a pesar de que nos llevan veintiocho horas de ventaja.
Confieso que yo tenía mis dudas, pensando en la cantidad de tráfico que había pasado por la carretera de Londres en el tiempo transcurrido.

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