El signo de los cuatro (Arthur Conan Doyle) Libros Clásicos

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Pero muy pronto se disiparon mis temores. Toby no vaciló ni se desvió ni una sola vez, y siguió adelante con su curioso bamboleo al andar. No cabía duda de que el penetrante olor de la creosota dominaba con gran diferencia a todos los demás olores que pudieran competir con él.
-No vaya a creer -dijo Holmes- que mi éxito en este caso depende de una pura casualidad, como es el que uno de esos tipos haya pisado esta sustancia. Dispongo ya de datos que me permitirían seguirles la pista de otras muchas maneras; pero ésta es la más directa y, puesto que hemos tenido esa suerte, sería una vergüenza desaprovecharla. Sin embargo, esto impide que el caso se convierta en el interesante problemilla intelectual que al principio prometía ser. Podríamos haber ganado algo de prestigio con él, de no ser por esta pista tan palpable.
-Hay prestigio para dar y tomar -dije yo-. Le aseguro, Holmes, que me dejan maravillado los métodos con los que obtiene estos resultados, más aun que en el caso del asesinato de Jefferson Hope. A mí, el asunto me parece cada vez más oscuro e inexplicable. Por ejemplo: ¿cómo ha podido describir con tanta exactitud al hombre de la pata de palo?
-¡Bah! Pero, hombre, si eso es la sencillez misma. No pretendo ser teatral. Está todo a la vista, encima de la mesa. Dos oficiales que están al mando de la guardia de un presidio se enteran de un importante secreto referente a un tesoro escondido. Un inglés llamado Jonathan Small les dibuja un plano.
Acuérdese de que vimos el nombre en el plano que tenía el capitán Morstan. Lo firmó en nombre propio y de sus socios: el signo de los cuatro, como él lo llamaba en plan dramático. Con la ayuda de ese plano, los oficiales se hacen con el tesoro y uno de ellos lo trae a Inglaterra, parece que incumpliendo alguna de las condiciones bajo las cuales lo obtuvieron. Ahora bien: ¿por qué no se apoderó del tesoro el propio Jonathan Small? La respuesta es evidente: el plano está fechado en una época en la que Morstan estaba en estrecha relación con presos. Jonathan Small no podía hacerse con el tesoro porque él y sus socios estaban presos y no podían salir.
-Pero eso es pura especulación -dije yo.
-Es mucho más que eso.

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