El mercader de Venecia (William Shakespeare) Libros Clásicos

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No daré ni
aventuraré nada por plomo. ¿Qué dice la plata con su color virginal? Quien me escoja
obtendrá tanto como merece. ¡Tanto como merece! Detente aquí, príncipe de Marruecos, y
pesa tu valía con mano imparcial. Si estás evaluado según tu propia estima, mereces mucho;
pero mucho no basta para hacerte llegar hasta esta dama, y, sin embargo, dudar de mi mérito
sería una pueril depreciación de mí mismo. ¡Tanto como merezco! Bien; pero es esta dama lo
que merezco. La merezco por mi nacimiento y por mi fortuna, por mis atractivos y por mis
cualidades de educación, y más que todo eso, la merezco por mi amor. Pues bien, ¿y si no
buscara más, y escogiera este cofrecito? Veamos aún otra vez lo que dice esta divisa grabada
sobre oro: Quien me escoja ganará lo que muchos desean. ¡Vaya! Eso es esta dama; el mundo
entero la desea; de los cuatro extremos de la tierra vienen para besar a esta casta, a esta santa
mortal. Los desiertos de Hircania y las inmensas soledades de la vasta Arabia están convertidos
ahora en grandes caminos para los príncipes que vienen a visitar a la bella Porcia. El reino de
las aguas, cuya cabeza ambiciosa escupe a la faz del cielo, no es una barrera suficiente para
detener los ardores de los extranjeros; ellos lo atraviesan como un arroyuelo para ver a la bella
Porcia. Uno de estos tres cofrecitos contiene su celeste efigie. ¿Es probable que esté en el
cofrecito de plomo? Tener una idea tan mezquina fuera un sacrilegio; sería un metal
demasiado tosco para encerrar incluso su sudario en la obscuridad de su tumba. ¿Pensaré que
esa imagen está entre muros de plata, que se aprecia en diez veces menos que el oro? ¡Oh,
horrible pensamiento! Jamás una joya tan rica fue gastada en un metal inferior al oro. Hay en
Inglaterra una moneda que lleva la figura de un ángel grabada sobre oro, pero es en la

superficie solamente donde está grabada, mientras que aquí es interiormente en un lecho de
oro donde se halla tendido un ángel. Dadme la llave; escojo este cofrecito, y suceda lo que
quiera.
PORCIA.- Aquí la tenéis; tomadla, príncipe, y si mi efigie se encuentra en ese cofrecito, vuestra

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