El mercader de Venecia (William Shakespeare) Libros Clásicos

Página 28 de 65


PRÍNCIPE DE ARAGÓN.- Me he comprometido, bajo juramento, a tres cosas: la primera, a no
revelar jamás a nadie el cofrecito que elija; la segunda, a no hablar nunca de matrimonio a una
doncella durante toda mi vida, si me equivoco de cofrecito; la tercera, a despedirme de vos y
partir si la fortuna me es contraria.
PORCIA.- Esas son las condiciones que debe jurar quienquiera que venga aquí a correr los
azares de la suerte por mi insignificante persona.
PRÍNCIPE DE ARAGÓN.- Y así me he preparado. ¡Fortuna, responde ahora a las esperanzas de
mi corazón!... Oro, plata y plomo vil. Quien me escoja debe dar y aventurar todo lo que tiene.
Haréis bien en tomar más bello aspecto antes que yo dé o aventure alguna cosa. ¿Qué dice el
cofrecito de oro? ¡Ah, veamos! Quien me escoja ganará lo que muchos desean. ¡Lo que

muchos hombres desean! Ese muchos debe, sin duda, entenderse de la loca multitud que
escoge por la apariencia, que no sabe más que lo que le muestran sus ojos enamorados de la
superficialidad, que no penetra en el interior de las cosas, sino que, como el vencejo, fabrica su
nido a la intemperie, sobre el muro exterior, en medio de los peligros y en el camino mismo de
los accidentes. No escogeré lo que muchos desean porque no quiero ponerme al nivel de los
espíritus vulgares y confundirme en las filas de las bárbaras muchedumbres. Bien; ahora a ti,
palacio de plata; recítame de nuevo la inscripción que llevas. Quien me escoja obtendrá tanto
como merece. Y está muy bien dicho, porque ¿quién intentará engañar a la fortuna y
pretender elevarse en honores si no tiene méritos para ello? Nadie presuma investirse de una
dignidad inmerecida. ¡Oh, si fuera posible que los bienes, las jerarquías, los empleos, no se
alcanzaran por medio de la corrupción! ¡Si fuera posible que los honores se adquirieran
siempre por el mérito del que los obtiene! ¡Cuántos hombres andarían vestidos que ahora van
desnudos! ¡Cuántos son mandados que mandarían! ¡Cuánta baja rusticidad se encontraría al
separar el buen grano del verdadero honor, y cuánto honor se recogería entre los escombros y
las ruinas hechas por el tiempo, para restituirle a su antiguo esplendor! ¡Bien, hagamos

Página 28 de 65
 

Paginas:
Grupo de Paginas:       

Compartir:




Diccionario: