El mercader de Venecia (William Shakespeare) Libros Clásicos

Página 29 de 65

nuestra elección! Quien me escoja obtendrá tanto como merece. Me detengo ante el mérito.
Dadme la llave de este cofrecito, y abramos inmediatamente la puerta de mi fortuna. (Abre el
cofrecito de plata.)
PORCIA.- Pausa excesivamente larga para el objeto que encontráis ahí dentro.
PRÍNCIPE DE ARAGÓN.- ¿Qué es esto? El retrato de un idiota parpadeando que me ofrece un
rollo. Voy a leerlo. ¡Oh, cuán diferente eres tú de Porcia! ¡Cuán diferente de mis esperanzas y
de mi mérito! Quien me escoja obtendrá tanto como merece. ¿Es que no merezco nada mejor
que una cabeza de idiota? ¿Es esto todo lo que valgo? ¿Mis dotes no tienen más precio?
PORCIA.- Ofender y juzgar son dos actos distintos y de naturaleza opuesta.
PRÍNCIPE
DE ARAGÓN
¿Qué hay escrito?
(Lee.)
El fuego ha probado siete veces este metal;
siete veces también ha sido probado el juicio
de quien no ha errado nunca al escoger.
Los hay que abrazan a las sombras,
y esos poseen una dicha de sombras.
Existen, lo sé, imbéciles vivientes,
plateados al exterior; este era uno de ellos.
Casaos con la mujer que os plazca.
Mi cabeza será siempre la vuestra.
Partid, pues, de aquí; estáis despedido.
Mientras más tiempo permanezca en estos lugares, más insensato pareceré en ellos. He

venido con una cabeza de necio para contraer matrimonio y me vuelvo con dos. ¡Adiós,
encantadora! Mantendré mi juramento y soportaré pacientemente mi desgracia.
(Sale con su séquito.)
PORCIA.- Así la falena se ha quemado en la luz. ¡Oh, esos idiotas de reflexiones profundas!
Cuando han de elegir tienen la sabiduría de perder a fuerza de talento.
NERISSA.- No es una herejía el antiguo refrán que dice: «Matrimonio y mortaja del cielo baja».
PORCIA.- Salgamos; corre la cortina, Nerissa.
(Entra un MENSAJERO.)
MENSAJERO.- ¿Dónde está mi señora?
PORCIA.- Aquí. ¿Qué desea mi señor?
MENSAJERO.- Señora, ha descendido en vuestra puerta un joven veneciano, que se ha
adelantado para anunciar la llegada de su señor, de quien os trae tangibles homenajes,
consistentes, además de los saludos y palabras corteses, en ricos regalos. No he visto todavía
un embajador de amor que responda tan bien a su cometido. Nunca un día de abril ha venido

Página 29 de 65
 

Paginas:
Grupo de Paginas:       

Compartir:




Diccionario: