El mercader de Venecia (William Shakespeare) Libros Clásicos

Página 35 de 65


¡Marcha, Hércules! Si vives, viviré. Contemplo este combate con mucho más espanto que tú,

que sostienes la lucha.
(La música acompaña este canto mientras BASSANIO busca mentalmente descubrir el secreto
de los cofrecitos.)
(Canción.)
Dime dónde nace la pasión.
¿Es en el corazón o en el cerebro?
¿Cómo se engendra? ¿Cómo se nutre?
Responde, responde.
Se engendra en los ojos,
se nutre de miradas y muere
en la cuna donde reposa.
Repiquemos todos el toque funeral de la pasión.
Voy a comenzar: ¡Din, don, ton!
EL CORO
¡Din, don, ton!
BASSANIO.- Las más brillantes apariencias pueden cubrir las más vulgares realidades. El mundo
vive siempre engañado por los relumbrones. En justicia, ¿qué causa tan sospechosa y
depravada existe que una voz persuasiva no pueda, presentándola con habilidad, disimular su
odioso aspecto? En religión, ¿qué error detestable hay, cuya enormidad no pueda desfigurar
bajo bellos adornos un personaje de grave continente, bendiciéndolo y apoyándolo en textos
adecuados? No hay vicio tan sencillo que no consiga dar en su aspecto exterior alguno de los
signos de la virtud. ¡Cuántos cobardes, cuyos corazones son tan falsos como gradas de arena y
a quienes cuando se les escruta interiormente se encuentra el hígado blanco como la leche,
llevan en sus rostros las barbas de Hércules y de Marte, con el ceño malhumorado! No se
adornan con estas excrecencias del valor más que para hacerse temibles. Contemplad una
belleza y veréis que está comprada al peso; una especie de milagro se verifica que hace más
livianas a aquellas que tienen una mayor cantidad. Así, esos bucles dorados, enroscados en
serpentina, que voltejean lascivos con el viento, sobre una cabeza de belleza supuesta,
examinados de cerca resultan a menudo no ser sino los viudos de otra cabeza, cuyo cráneo
que los sustentó yace en el sepulcro. El ornamento no es, pues, más que la orilla falaz de una
mar peligrosa; el brillante velo que cubre una belleza indiana; en una palabra, una verdad
superficial de la que el siglo, astuto, se sirve para atrapar a los más sensatos. Por eso te

rechazo en absoluto, oro, alimento de Midas, y a ti también, pálido y vil agente entre el
hombre y el hombre; pero a ti, débil plomo, que amenazas más bien que prometes, tu sencillez

Página 35 de 65
 

Paginas:
Grupo de Paginas:       

Compartir:




Diccionario: