El mercader de Venecia (William Shakespeare) Libros Clásicos

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hemos visto cumplirse nuestros anhelos, gritar: ¡Felicidad completa; felicidad completa, señor
y señora!
GRACIANO.- Señor Bassanio, y vos, noble dama: os deseo toda la dicha que podéis anhelar,
pues estoy seguro que vuestras aspiraciones no pueden estar en contra mía; así, cuando
vuestras señorías solemnicen el contrato de su enlace, os pido que me permitáis casarme al
mismo tiempo.
BASSANIO.- Con todo mi corazón, si logras encontrar mujer.
GRACIANO.- Doy gracias a vuestra señoría; me habéis hallado una. Mis ojos, señor, pueden
tener miradas tan vivas como los vuestros. Vos contempláis al ama; yo contemplo a la
doncella. Vos amáis; yo amo también, pues la pasividad no me va más a mí que a vos, señor.
Vuestra fortuna dependía de esos cofrecitos, y las circunstancias hacían que la mía también
dependiese de ellos; pues después de haber estado cortejando aquí hasta sudar a mares y
haber prestado juramento de amor hasta secarme el paladar, tengo, al fin -si una promesa es
un fin-, promesa de esta bella aquí presente de conseguir su amor si vuestra fortuna, os hacía
conquistar a su ama.

PORCIA.- ¿Es verdad, Nerissa?
NERISSA.- Sí, señora, si es de vuestro gusto.
BASSANIO.- Y vos, Graciano, ¿vais de buena fe?
GRACIANO.- Sí, señor; de buena fe.
BASSANIO.- Nuestras bodas serán muy realzadas con las vuestras.
GRACIANO.- Apostamos contra ellas mil ducados a quien tenga el primer hijo.
NERISSA.- ¡Cómo! ¿Y apostáis flojo?
GRACIANO.- No, en este juego no se gana nunca si se apuesta flojo. Pero ¿quién viene aquí?
Lorenzo y su bella pagana. ¡Vaya, y también mi viejo amigo de Venecia, Salanio!
(Entran LORENZO, JESSICA y SALANIO.)
BASSANIO.- Lorenzo y Salanio, sed aquí bien venidos, si es que mis títulos en estos lugares no
son aún demasiado nuevos para permitirme desearos la bienvenida. Con vuestro permiso,
dulce Porcia, deseo la bien venida a mis amigos y a mis compatriotas.
PORCIA.- Hago lo mismo, señor; sean completamente bien venidos.
LORENZO.- Doy las gracias a vuestra señoría. Por mi parte, señor, mi intención no era visitaros
aquí; pero Salanio, a quien he encontrado en el camino, me ha comprometido de tal manera,
que no he podido rehusar.
SALANIO.- Es cierto, señor, y tenía mis razones para ello.

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