El mercader de Venecia (William Shakespeare) Libros Clásicos

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sería atentar contra la justicia del Estado, puesto que el comercio y la riqueza de la ciudad
dependen de todas las naciones. Por tanto, marchemos; estos disgustos y estas pérdidas me
han aplanado tanto, que apenas si estaré mañana en estado de suministrar una libra de carne
a mi cruel acreedor. ¡Vamos, carcelero, marchemos! ¡Dios quiera que Bassanio venga para
verme pagar su deuda, y después no tendré ya más preocupaciones. (Salen.)
Escena IV
Belmont. -Una sala en el castillo de PORCIA.
Entran PORCIA, NERISSA, LORENZO, JESSICA y BALTASAR.
LORENZO.- Señora, lo declaro, aunque estéis presente; tenéis de la divina amistad una idea
noble y verdadera; y la mostráis valientemente por la manera como aceptáis la ausencia de
vuestro esposo. Pero si sabéis a quién hacéis este honor, a qué leal caballero prestáis ayuda, a
qué entrañable amigo de vuestro señor esposo, estoy seguro de que os mostraréis más
envanecida de vuestra obra que si se tratara de cualquier otro beneficio ordinario.
PORCIA.- No me he arrepentido jamás de haber hecho el bien, y no me arrepentiré hoy;
porque entre compañeros que viven en trato familiar y pasan el tiempo juntos, cuyas almas
comparten un yugo igual de afecto, debe existir necesariamente una similitud de caracteres,

de maneras y de sentimientos; lo que me impulsa a pensar que este Antonio debe de
asemejarse forzosamente a mi señor, puesto que es el amigo del alma de mi señor. Si ello es
así, ¡cuán pequeño es el premio que he dado para rescatar de la garra de una infernal crueldad
esa imagen de mi amor! Pero este lenguaje se acerca excesivamente a la adulación personal;
cortemos, pues, por lo sano y hablemos de otra cosa. Lorenzo, entrego en vuestras manos el
manejo y la dirección de mi casa hasta el retorno de mi esposo. Por lo que a mí concierne, he
dirigido al cielo un voto secreto de vivir dedicada al rezo y a la contemplación, en la sola
compañía de Nerissa, hasta la vuelta de mi esposo y señor; hay un monasterio a dos millas de
aquí; allí nos retiraremos. Me haréis el favor de no rehusar este encargo, que mi amor y ciertas
necesidades me obligan ahora a imponeros.
LORENZO.- Señora, con todo mi corazón; estoy dispuesto a obedecer a todas vuestras amables

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