Tom Sawyer Detective (Mark Twain) Libros Clásicos

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Eso es lo que se proponía Tom: conseguir otro "efecto". Ni con una yunta de bueyes lo habrían sacado de la plataforma.
-¡Oh, no es nada importante! -respondió-. Lo noté un poco excitado cuando el tío Silas declaró que estaba dispuesto a que lo ahorcaran... por un crimen que no había cometido. Y se puso cada vez más nervioso. Lo observé atentamente sin aparentar que lo estaba mirando: de pronto comenzó a mover las manos y poco después vi que se hacía una cruz con un dedo en la mejilla. ¡Ahí fue cuando lo descubrí!
La sala entera prorrumpió en exclamaciones y aullidos, golpeando las manos hasta que Tom Sawyer se sintió tan orgulloso y feliz que no cabía en sí de contento. El juez le dijo desde el estrado:

-Hijo mío, ¿viste todos los detalles de esta extraña conspiración y tragedia que acabas de describir?
-No, honorable juez. No vi ninguno.
-¡No viste nada! Sin embargo, has contado toda la historia de pe a pa como si la hubieras visto con tus propios ojos. ¿Cómo te las ingeniaste?
Con la mayor naturalidad Tom le respondió:
-¡Oh, fijándome en los testimonios y atando cabos, honorable juez! Apenas un sencillísimo y común trabajo de detective. Cualquiera podría haberlo realizado.
-¡Nada de eso! ¡Ni siquiera dos en un millón de personas podrían haberlo hecho. Eres un muchacho admirable.
Volvieron a oírse las aclamaciones y los aplausos. Tom no habría cambiado ese momento de gloria ni por una mina de plata. El juez prosiguió:
-¿Estás seguro de que todo ocurrió tal cual lo cuentas?
-Perfectamente seguro, honorable juez. Aquí tenéis a Brace Dunlap que niegue la parte que le tocó en el asunto, si quiere, pero me comprometo a responderle de tal manera que deseará no haber dicho nada.. . Como veis, está muy calladito, igual que su hermano y los cuatro testigos a quienes les pagaron para que mintieran. En cuanto al tío Si-las, de nada valdrá que quiera terciar en este asunto. Ni siquiera bajo juramento le creeré una palabra de lo que diga.
Esta afirmación provocó carcajadas en la sala y hasta el propio juez no pudo menos que reírse. Tom se sentía como en un arco iris.

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