El ricachón en la corte (Moliere) Libros Clásicos

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LUCILA. -No tengo ganas de dar explicaciones.
COVIELLE. -Cuéntame esa historia.
NICOLASA. -No estoy para regalarte el oído.
CLEONTE. -Dime...
LUCILA. -No digo nada.
COVIELLE. -Cuéntame...
NICOLASA. -No tengo qué contar.
CLEONTE. -Por favor...
LUCILA. -Os digo que no.
COVIELLE. -Por caridad...
NICOLASA. -Perdone, hermano.
CLEONTE. -Os lo ruego.
LUCILA. -Dejadme.
COVIELLE. -¡Por estas!...
NICOLASA. -¡Aparta de ahí!
CLEONTE. -¡LUCILA!
LUCILA. -No.
COVIELL.E. -¡Nicolasa!
NICOLASA. -¡Punto en boca!
CLEONTE. -¡Por Dios bendito!...
LUCILA. -No quiero.
COVIELLE. -Háblame.
NICOLASA. -Ni palabra.
CLEONTE. -Desvaneced mis dudas.
LUCILA. -No me tomaré la molestia.
COVIELLE. -Cura Mis males.

NICOLASA. -No Me da la gana.
CLEONTE. -Pues bien; ya que os es indiferente libertarme o no de mis penas y justificar el trato indigno que habéis dado a mis ansias, me veis ahora por última vez; huyo de vos, ingrata, y voy lejos de aquí a morir de aflicción y de amor.
COVIELLE. -Yo seguiré sus pasos.
LUCILA. -¡Cleonte!
NICOLASA. -¡Covielle!
CLEONTE. -¿Eh?
COVIELLE. -¿Llamáis?
LUCILA. -¿Adónde vas?
CLEONTE. -¡Adónde he dicho!
COVIELLE. -¡A morirnos!
LUCILA. -¿Vas a morir, Cleonte?
CLEONTE. -¡Sí, cruel, puesto que tú lo quieres!
LUCILA. -¿Yo desear tu muerte?
CLEONTE. -Sí.
LUCILA. -¿Quién os lo ha dicho?
CLEONTE. -¿No es desear mi muerte negaros a aclarar mis sospechas?
LUCILA. -¿Y es culpa mía? Si os hubierais dignado escucharme, ¿no os habría yo explicado que la aventura de esta mañana, de que tanto os quejáis, ha sido motivada por la presencia de una anciana tía, que a todo trance quiere persuadirnos de que la sola proximidad de un hombre basta para deshonrar a una doncella?... ¿Que continuamente nos sermonea sobre este tema y nos pinta a los hombres como demonios, de los que hay que huir?...
NICOLASA. -¡Ya tenéis aclarado el secreto!
CLEONTE. -¿No me engañáis, Lucila?
COVIELLE. -¿No querrás darme la castaña?
LUCILA. -Nada más cierto que lo que acabo de deciros.
NICOLASA. -Tal y como ocurrió.
COVIELLE. -¿Nos damos por vencidos?

CLEONTE. -¡Ah, Lucila...; una sola palabra de tu boca vuelve el sosiego a mi corazón: es tan fácil dejarse persuadir por quien se ama! COVIELLE. -¡Qué fácilmente nos dejamos acariciar por estos endiablados animalitos!

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