El ricachón en la corte (Moliere) Libros Clásicos

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DORIMENA. -Signo de su generosidad.
DORANTE. -¿Dónde está ahora su alteza? Quisiéramos, en calidad de amigos vuestros, ofrecerle nuestra adhesión.
JOURDAIN. -Aquí llega, y ya he mandado llamar a mi hija para entregársela.
ESCENA IV
CLEONTE, COVIELLE, JO URDA IN, etc.
DORANTE. -¡Señor!... Como amigos vuestros, venimos a saludar a su alteza, ofreciéndole nuestros respetos y nuestros humildes servicios. JOURDAIN. -¿Dónde está el intérprete para que le diga quiénes sois y le repita vuestras palabras? Ya veréis cómo os responde; habla maravillosamente el turco... Pero ¿dónde diablos estará?... (A Cleonte.) Struf, strif, strof, straf. El señor es un gran signori, grande segnora, grande signore: y la señora una granda darria, granda dama. ¡Ahí! Él Mamamuquí francés, y ella Mamamuquí francesa. No puedo hablar más claramente... ¡Vamos, ya está aquí el truchimán! ¿Dónde os habéis metido? No hemos podido entendernos. Decidle que el señor y la señora son mis amigos, personas de alta calidad que vienen a saludarle y a ponerse a sus órdenes. Ahora veréis cómo contesta. COVIELLE. -Alábala crociam acci boram ala bamen.
CLEONTE. -Cataliqui tubal urin soter amaluchan.
JOURDAIN. -¿Estáis viendo?
COVIELLE. -Dice que una lluvia de prosperidades riegue perpetuamente el jardín de vuestra familia.

JOURDAIN. -¿No os dije yo que hablaba el turco? DORANTE. -¡Es admirable!
ESCENA V
LUCILA, JOURDAIN, DORANTE, DORIMENA, etc.
JOURDAIN. -Acércate, hija mía, y da la mano a este señor, que te hace el honor de pedirte como esposa.
LUCILA. -¡Cómo! ¿Qué decís, padre mío? ¿Queréis representar una farsa?
JOURDAIN. -No, no; no es una farsa: es un asunto muy serio y el más honroso que hubieras podido imaginar. He aquí el marido a quien estás destinada.
LUCILA. -¿Yo?
JOURDAIN. -Sí, tú. Dale la mano y agradece a los cielos la dicha que te depara.
LUCILA. -Yo no quiero casarme.
JOURDAIN. -Pues yo, que soy tu padre, sí lo quiero.
LUCILA. -¡Como si no!
JOURDAIN. -Nada de escenas... ¡Dadle la mano como os he dicho!
LUCILA. -No, padre mío. Ya os dije que no habrá poder en el mundo que me obligue a admitir por esposo a otro que a Cleonte, y llegaré al último extremo antes que.

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