Cyrano de Bergerac (Historia cómica de los Estados e Imperios del Sol) Libros Clásicos

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caballo, y aun no habíamos andado tres o cuatro leguas hacia Colignac,
cuando los aldeanos, emocionados por este accidente, nos han dado detalles
de sus circunstancias. Al galope tendido nos hemos llegado hasta la aldea
en donde vos estabais prisionero; pero como allí nos enterásemos de
vuestra evasión, guiados por el rumor muy divulgado de que os habíais ido
camino de Tolosa, con las gentes que se nos han allegado hemos venido
hasta aquí a galope tendido. El primero a quien hemos pedido noticias
vuestras nos dijo que de nuevo habíais sido detenido. En seguida hemos
arreado hacia aquí nuestros caballos; pero otras gentes nos aseguraron que
os habíais escapado de las manos de los corchetes; como íbamos adelantando
camino, los aldeanos se decían unos a otros que os habíais vuelto
invisible; por fin, y a fuerza de preguntar, hemos logrado saber que
después de haberos prendido y vos escapado, y haberos vuelto a prender no
sé cuántas veces, os habían conducido a la prisión de la Gran Torre. Con
esto fuimos a salir al encuentro de los arqueros, y con una dicha más
aparente que verdadera los hemos encontrado por fin, combatiendo primero y
luego puestos en fuga. Pero nada hemos podido averiguar con las noticias
que de vos nos han dado los heridos, ni hemos sabido qué es lo que os
había sucedido, hasta que esta mañana nos han dicho que vos mismo,
ciegamente, habíais venido a poneros en salvo en esta prisión. Colignac ha
sido herido en algunas partes, pero muy ligeramente. Hablando ya de otra
cosa, nosotros acabamos de dar orden de que seáis alojado en la mejor
celda de aquí. Como vos amáis mucho el aire libre, hemos mandado que os
amueblen, para vos solo, una habitación situada en lo más alto de la
torre, para que así la terraza os sirva de balcón; de modo que, aunque

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