Una guirnalda de flores (Louisa May Alcott) Libros Clásicos

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No dice una palabra, pero se está quedando hecha una sombra, y yo no puedo ayudarla en nada, corno no sea haciendo unos cuantos acericos, tejiendo ligas y cosas por el estilo. Si su negocio prosperara más, ella se animaría y podría mirar con más confianza el porvenir, porque los viejos no viven mucho, y Nathan la espera, tan fiel y sincero como siempre".
"Aquello terminó conmigo, porque soy romántica y gozo con las historias de amor, aunque los enamorados sean una solterona huesuda y un maestro carpintero. Así que resolví hacer lo que pudiera por la pobre Almiry y la vivaracha anciana. No les prometí más que mis trozos de seda y, llevándome lo que había comprado, me fui a casa para hablar de lo ocurrido con mamá. Entonces me enteré de que ella compraba muchas veces cintas y alfileres en la tiendecita, y que la encontraba muy barata, aunque no sabía nada de las Miller. Le pareció muy bien que yo quisiera ayudarles, pero me aconsejó que fuera despacio y viera primero lo que ellas sabían hacer. No queríamos tratarlas como mendigas; y enviarles dinero y ropa, té y azúcar, como hacemos con los irlandeses, porque evidentemente eran gentes respetables y tan orgullosas como pobres. Así que tomé mi paquete de restos, y mamá agregó a él algunos trozos grandes que habían sobrado de nuestros vestidos y le encargó una buena cantidad de delantales y chucherías para la feria de la iglesia.
"Os habría alegrado el corazón, muchachas, el ver cómo los pobres rostros se iluminaron cuando les llevé mis retazos y les pregunté si el trabajo estaría listo para Navidad. La anciana desaparecía casi bajo los trozos de alegres colores que cubrían su .cama, y gozaba con ellos como una niña, mientras que Almiry trataba de conservar su aspecto severo, pero sin conseguirlo, porque en seguida empezó a cortar los delantales y cubrió de lágrimas toda la muselina, cuando estaba de espaldas a mí. Nunca creí que una solterona borrosa pudiera resultar tan patética".
Ella se detuvo para lanzar un suspiro de pesar por su antigua ceguera, mientras sus amigas murmuraban frases de simpatía; porque los corazones jóvenes son muy tiernos y se interesan inocentemente por las penas de los enamorados, por humildes que sean.
-Bueno, eso fue el comienzo. Me interesaba de tal modo que el negocio saliera adelante, que no busqué otra tarea, y uniendo mis fuerzas a las de la señorita Miller, la ayudé a dirigir su tiendecita.

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